
Ante la mar, las farolas vigilan cualquier cosa que se aproxime al paseo marítimo. Les gusta iluminarlo todo convenientemente. Pero ni tienen la potencia de un faro, ni la nitidez que una lectura atenta puede requerir. Son confidentes mudos, estáticos, bienintencionados, del paso del tiempo, de las nubes, de las aves, de las tormentas, de los crepúsculos. Pero, también, son testigos discretos de repetidos requiebros amorosos, de sistemáticas ebriedades juveniles, de juegos infantiles y discusiones políticas o matrimoniales. Entre tanta tarea asignada, las farolas no saben en qué punto quedarse, entre lo que pueden, lo que saben, lo que deben o lo que les gustaría. Mientras, aguardan: a las gentes, a los navíos, a los elementos.
2 comentarios:
Una imagen de lo más armónica, de las que uno se queda mirando sin saber bien el motivo.
Bonita de ver.
un beso
Una imágen preciosa. Las farolas expectantes y en posición defensiva esperan atentas.
Un saludo!
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