jueves, 23 de marzo de 2017

GILGAMESH, HÉROE O GENIO


Visitar el Louvre siempre ha estado entre las cosas más maravillosas que a mí me han sucedido en la vida. He estado varias veces en la capital francesa, y si algo nunca faltó en cada visita, fue el Louvre. Pero siempre había sido un “solo” día. La última vez que estuve en París, en 2012, comuniqué a mi pareja que, si íbamos a estar 15 días, dos al menos debían ser para el Museo de museos; lo necesitaba, y aclaré que me parecía innegociable. Por fortuna, no tuve mucha resistencia, ésa es la verdad.

Me reencontré de nuevo con mis mitos personales. En la sección antigua -inabarcable, pero fascinante-hay una figura para la que la memoria asociaba a un personaje. Y en esta visita pude salir del error, suponiendo que lo fuera. La figura que está ahí arriba es una obra de arte asirio, que se halla en la misma sala que los toros androcéfalos del Palacio de Sargón II en Khorsabad. La altura y las dimensiones de dichas esculturas resulta imponente, pero había una cuyo interés para mí era especial. Es justo la aquí reproducida. Muestra desde una posición frontal -aunque con las piernas de perfil- a un hombre gigantesco dominando un león con una mano, y sosteniendo una honda en la otra. Si comparamos los tamaños de ambos, la desproporción destaca enseguida. Pero el error venía de que yo pensaba que se trataba de Gilgamesh, el protagonista de la primera obra literaria de la humanidad. Y dicho error se había fundamentado en que las ediciones que yo había manejado ilustraban el texto con esta imagen, atribuyéndole una identidad que al parecer no resulta cierta.

A quien le produzca una sonrisa benévola el chasco, debo aclarar que para mí La epopeya de Gilgamesh es una obra que siempre me removió por dentro, desde que la conocí cuando estudiaba 1º de Historia. La he releído varias veces, y he de apuntar que cada vez que pasa por mis ojos pienso más y mejor de ella, pues, siendo la primera, lo contiene ya todo.


Pero, no. El hombre de la imagen, gigante y dominador, no es Gilgamesh, o al menos así reza la cartela que figura al lado. Es “sólo” un “héroe o genio” que se colocaba para decorar y proteger fachadas como elemento artístico o religioso, y que, con esas dimensiones, debía imponer lo suyo. Mi frustración duró sólo unos segundos, porque la contemplación de las dos figuras lo traspone a uno a otro mundo, donde seres imaginarios dominaban la vida de estos sanguinarios pero sensibles hombres. Visto además en contrapicado, a lo que obliga sus 5 metros de altura, ese rostro impasible pero feroz se contrapone al del terror que nos ofrece la cara de ese león, que más parece un gatito indefenso, en comparación con su terrorífico captor. Dos mil setecientos años de diferencia. En esos instantes yo sentí una pequeñez similar a lo que sentían los asirios cuando entraban en el palacio de Sargón II. Pero, pese a todo, este héroe o genio le pondrá cara para siempre a mi adorado Gilgamesh.

Héroe o genio del Palacio de Sargón II, Museo del Louvre (París, Francia)
Julio, 2012 ----- Nikon d300

miércoles, 22 de marzo de 2017

PRESERVAR EL INSTANTE

En la película Tango feroz. La leyenda de Tanguito (Marcelo Piñeyro, 1993), pese a diversas distorsiones tendenciosas, aparecen varios momentos memorables, pero hay uno especial, que me emocionó un poco más.

Están toda la panda de músicos y sus respectivas parejas viendo amanecer, luego de una noche intensa de camaradería y juerga, tras haber asistido a un concierto. Se hallan sobre un puente, o un viaducto, no se sabe bien, sobre el estuario del río de la Plata. Se hacen bromas. Ríen. Se divierten. Están felices. Entre ellos, uno no deja ni a sol ni a sombra su pequeña cámara tomavistas: es el cineasta del grupo. Todos le dicen que pare ya de filmarles, que no sea pesado. De repente, Tanguito le pregunta que por qué hace eso. El portador de la cámara le dice que se dedica a conservar, a conservar momentos, personas. Se hace un silencio. Les dice que se callen un momento. Le obedecen. Luego dice que ese instante, ese lapso ya pasó, desapareció, se volatilizó. Sin embargo, si él lo hubiera filmado, pasaría a la película y al proyectarse se volvería a ver el mismo momento. Ese mismo momento y esos mismos personajes con sus mismos rostros, con sus mismas risas, con sus mismas preocupaciones, con sus mismos gestos.

Tanguito se siente atraído por dicha explicación, y como previendo que ese documento tendrá un valor enorme en el futuro, le pide a su amigo que le ruede, que tiene algo que decir. Ahí la escena se interrumpe. Es al final de la película cuando se recupera ese instante, cuando ya Tanguito ha muerto (¿asesinado?), y surge de nuevo su voz, su rostro, hablando a la cámara: ≪Todo, no se compra...; todo, no se vende...≫.

En ese pequeño fragmento se condensa la esencia de todo proceso creador. La permanencia, el ansia por detener el tiempo, por permanecer, por conservar lo que se posee, por perdurar. Por continuar, por no morir, en suma, que es a lo que se reduce todo.
Pero dicho de una forma dulce, hermosa, convincente, atípica y práctica. E inolvidable.

En el diario inédito Migas para el bosque, entrada de 6 de Mayo de 1998

martes, 21 de marzo de 2017

LA AÑORANZA DE MARÍA MAGDALENA


¿De qué se arrepiente María, la de Magdala? ¿De los siete demonios que le fueron expulsados del cuerpo? ¿De lo que hizo? ¿De lo que no llegó a conseguir? ¿De lo que alcanzó, pero luego la Iglesia católica prohibió recordar, enterrando la verdad en el olvido? ¿Del maltrato al que ha sido sometida su figura, contrapunto pecaminoso y lascivo de la pureza inmaculada de la madre de Jesús? ¿Por qué hace penitencia? ¿Pecó realmente? ¿Se acusaba de no haber entendido lo que los demás sí? ¿O era justamente al revés?

Aunque también es posible que la postura que nos muestra no sea la del arrepentimiento, en realidad, sino la de la añoranza. La del recuerdo del cuerpo fibroso que acaso fuera suyo durante un tiempo, y que había desaparecido para siempre. La del recuerdo del hombre que quizá por vez primera la tratara con respeto, correspondido en su caso por una adoración, algo inédito para ella. El modo en que tiene la cruz en sus manos sobre sus rodillas, y el gesto del rostro, no dejan lugar a dudas: es un lamento. María Magdalena lamenta no tener a su lado a Jesús, y esa cruz compuesta tan sólo de dos cañas se lo recuerda en el momento más cruel en que ella lo contemplara. Su cuerpo, desmadejado, aunque todavía bello, se derrumba hacia su izquierda, apenas vestido con telas de eremita, dejándonos ver los brazos, las piernas, parte del pecho. Su cuerpo nos recuerda que ella es una mujer carnal, no mística, una mujer que ha accedido al Maestro, que lo añora, que lamenta su faceta divina, que ella lo amaba como hombre, y es a ese hombre al que ahora echa de menos con la fuerza que sólo el recuerdo es capaz de reactivar. Apenas nos fijamos en la calavera. En realidad, sobra. Ella mira la cruz, y, en ella, ve el cuerpo del Crucificado. Y recuerda, recuerda. Se sume en el mayor dolor. Y llora.

Magdalena penitente, de Antonio Canova, en el Palazzo Bianco de Génova (Liguria, Italia)

Julio, 2016 ----- Panasonic Lumix G6

lunes, 20 de marzo de 2017

HITOS DE MI ESCALERA (16)

Entre septiembre y octubre del año 1977 tuvieron lugar dos hechos capitales en mi adolescencia. El primero, que comencé el que iba a ser el curso con peores resultados de mi vida académica. El segundo, que nos mudamos de piso, a sólo 150 metros del anterior, con unas condiciones de vida mucho mejores.

Del 2º de BUP, recuerdo con nitidez el desasosiego constante que casi todas las asignaturas me producían. Imagino que las hormonas estaban haciendo de las suyas también en mi cuerpo, como resulta natural pensar. No estaba a gusto ni conmigo, ni con el mundo, ni con lo que tenía que estudiar. Lo sorprendente, es que no lo estaba ni con las materias de letras, que han supuesto la base de toda mi vida, así que pueden imaginarse con facilidad mis sufrimientos con las de ciencias, sobre todo matemáticas y física, que constituyeron los muros más infranqueables que yo tuve en mi vida de estudiante. Hoy sé que logré aprobar la primera, porque el profesor que nos la impartía (es un decir) era un personaje graciosísimo, entrañable, penoso didácticamente hablando, ceceante profundo, obeso y fumador compulsivo (en aquélla, aún se fumaba en clase), pero que se dormía en los exámenes, poniendo el periódico como pantalla para que no viéramos sus profundas cabezadas vespertinas; gracias a esa circunstancia, yo podía copiar íntegras las respuestas de mi amigo Rogelio, que era un fenómeno para esa materia; lo que por entonces jamás entendí es por qué el sacaba ochos y nueves, y yo nunca pasé del cinco, si los exámenes eran idénticos, pero como el objetivo era aprobar, la cosa podía obviarse sin mayores investigaciones. Sin embargo, lo que todavía en la actualidad se me antoja imposible de comprender, es cómo llegó a figurar en mi expediente de junio un suficiente pelao en la asignatura de Física, siendo yo, como todo el mundo sabe, negado para los números y las fórmulas; máxime, teniendo en cuenta que nos la daba una mujer preparadísima, excelente profesora, que se trabajaba duramente la materia, y no dada especialmente a favoritismos ni martingalas. No llegaré a saberlo jamás, pero fue el último escollo de ciencias que se me atravesó, y cuando fue superado sin que se sepa cómo, pude ver la cara a Dios, y eso que de aquélla yo ya era ateo militante y confeso. Desde aquí agradezco a don Fdandcizco (no recuerdo el apellido), alias el Bola -por su orondez-, y a Felicidad Paramio, alias Velocidad Paramio -porque se movía como un esquiador de eslalom, por entre los alumnos-, las circunstancias que me permitieron pasar a 3º de BUP herido, pero intacto, y sin pasar por la humillación de septiembre. 

El otro hecho fundamental fue que en octubre dejamos para siempre aquel 1º oscuro y gélido (y sin ascensor) de la calle Obispo Almarcha para trasladarnos al 4º luminoso y calentito (y con ascensor) de la calle San Guillermo. El cambio fue más que notable en confortabilidad y en luz. Allí se podía leer sin quemarse las pestañas, ni estar embutido en tres camisetas y dos pijamas. Bien es verdad que debía hacerlo en el salón, cuando no hubiera nadie más, pero las dos gigantescas ventanas de esa estancia compensaban otra problemática doméstica, que venía dada porque mi madre consideraba que la vivienda debía ser un espacio sagrado e inmaculado para “poder ser enseñado en cualquier momento a cualquier visita” y no un lugar donde vivir el día a día. Pero de eso hablaré en otra ocasión, pues esa situación bien lo merece. Ahora, lo que procede añadir tan sólo es que, si hubiéramos creído en malos augurios, habríamos salido por pies de allí enseguida. Porque el mismo día que nos trasladamos ya definitivamente -para dormir- cayó un tormentón tan espectacular, con tanta lluvia y con tan dilatado aparato eléctrico, que interrumpió todas nuestras operaciones de piso a piso por espacio de una hora larga, y sumió a mi madre -alérgica mentalmente todavía hoy a las tormentas- en un estado de nervios apocalíptico. Por fortuna, sólo fue una anécdota. Intensísima, eso sí -fueron más de 50 l/m2-. Pero sólo un mal comienzo para una vivienda que a día de hoy todavía alberga a mis padres, casi 40 años después.

domingo, 19 de marzo de 2017

BONITO TRISTE FINAL



Toda una vida nadando por los siete mares, comiendo sardinas, anchoas y jureles, procreando por doquier, visitando costas y abismos, huyendo de mis enemigos y persiguiendo a mis presas, compitiendo en velocidad con mis primos atunes, para, ahora, acabar en la mesa de una loca de la cocina, que no se conforma con comerme a mí, sino que antes me trocea, me rocía con líquidos, me abrillanta, me coloca frente a una cámara y otro loco me hace fotos y más fotos mientras habla sin parar. Triste destino el mío, en verdad. Menos mal que la cabeza está intacta, y aún me rige…

Bodegón con bonito del Norte (La Coruña, Galicia, España)
Septiembre, 2015 -----  Nikon D5200

viernes, 17 de marzo de 2017

EXCESIVA ANTICIPACIÓN (MICRORRELATO)

Estimado amigo, le envío este billete para tranquilizarle sobre la carta suya de hace dos semanas.
He de decirle lo muy impresionado que me ha dejado. Pero en un sentido negativo, por lo que temo seriamente por su salud.
Nunca dudé de su imaginación, a tenor de su obra precedente, ni puedo olvidar cómo de asiduo ha sido usted siempre de las obras de ese visionario francés tan perturbado como popular, que ha llegado a imaginar viajes tan imposibles como —he de reconocerlo— atractivos de primera mano.

Ahora bien, una cosa es aventurar expediciones bajo el mar, o la tierra, o idear un vehículo que nos transporte hasta la luna, como Jules Verne nos contó. O, como ya imaginara H. G. Welles hace sólo una década, viajes a través del tiempo o a otros planetas. Pero convendrá Vd. que otra muy distinta es creer que algún día tendremos un dispositivo del tamaño de un billetero, que funciona con pilas, a través del cual no sólo podríamos hablar a distancias enormes, y sin hilos, sino que serviría también para capturar fotografías, leer libros, periódicos o revistas, efectuar pagos bancarios o ver películas como en el  cinematógrafo.

La imaginación, querido amigo, también tiene sus límites, y si bien resulta válida a nivel literario casi en cualquier circunstancia, puede tornarse preocupante si, como es su caso, cree firmemente que algún día todo ello llegará a producirse y lo justifica con vehemencia visionaria. Es por ello que lo encuentro desde hace algún tiempo seriamente perturbado, déjeme que se lo diga con total franqueza, y necesitado de ayuda en temas mentales, si no espirituales, que sería más grave. Haría bien en realizar una cura de salud en algún balneario, créame; le sentaría a Vd. de maravilla, y podría retomar en breve su prometedora carrera de literato de ficción.

Entienda, pues que, entretanto, nos veamos obligados a rechazar su manuscrito, pues no creemos que fuera bien aceptado entre un público, por lo común crédulo, pero sin tanta capacidad para asumir sus audaces y absurdas predicciones.

Atentamente suyo,
Su Editor
                                                                                                                                                                                 Del libro inédito Micrólogos, 2012

jueves, 16 de marzo de 2017

LA SOLEDAD DE ALBERT EINSTEIN



Del Parque de las Ciencias de Granada guardo varios recuerdos de gran intensidad, que ahora no relataré, porque no es el caso. Pero la segunda vez que lo visité, más de diez años después de la primera, reparé en una novedad que la otra vez no hallé, o al menos yo no la había visto. Dos esculturas de bronce se hallaban en el exterior del recinto -lo componen varios edificios, incluido un fantástico mariposario-. Una de ellas mostraba a Marie Curie; la otra, a Albert Einstein. Dos gigantes de la ciencia, cada uno en su especialidad, y en diferentes lugares, aunque compartieron varios años entre el XIX y el XX. Las dos imágenes me dieron la misma impresión, pero sobre todo me pareció más evidente en la del genio alemán. Era soledad lo que emanaba de sus figuras. Desde luego, soy consciente de que se trata de una representación de un escultor concreto, que podía muy bien haber sido otra. Pero el caso es que cuando uno mira la imagen del físico, embutido en uno de los clásicos jerséis de pico que lo caracterizaban, sentado en un banco con un libro en la mano, como reflexionando sobre lo que acaba de leer, la mirada perdida, yo vi en él reflejada la viva imagen de la soledad. Y no porque fuera alguien solitario, antisocial o careciera de vida pública. Me refiero a la soledad del genio que ve mucho antes que nadie algo que para él se muestra con naturalidad, pero que nadie más puede entender de momento; a esa soledad de la incomprensión y el escepticismo que durante varios años hubo de soportar de la mayor parte de la comunidad científica (hasta el punto de que el premio Nobel que recibió, no fue por su teoría de la relatividad, puesto que el funcionario encargado de estudiarla para evaluarla no la entendió y aún no había sido verificada del todo). Esa soledad incomunicada y aislada, -aunque orgullosa, a tenor de su carácter-, es la que a mí me transmite ese rostro en apariencia bonachón, con la frente contraída en arrugas de vejez y pensamiento. Hoy, esa soledad ya no es tal. Cada año, miles de personas de todos los tipos, incluyendo a quienes no saben una palabra de física, se sientan junto a él para hacerse fotos y le tocan, en un intento -comprensible, pero vano- de que la inteligencia de ese científico prodigioso se transmita por algún tipo de onda que acaso él mismo contribuyera a crear. Pero, en su interior, la inasible inteligencia del genio permanece sola, como acaso siempre suceda con los de su especie.

Escultura homenaje a Albert Einstein, en el Parque de las Ciencias de Granada (Andalucía, España)
Diciembre, 2008 ----- Nikon D300

miércoles, 15 de marzo de 2017

MI PALABRERÍO CANALLA (17)

BAILE: Acoplamiento ritual, sublimador y simbólico de dos cuerpos que desearían poder llevar a cabo otro tipo de acercamiento, pero que se han de conformar  de momento con los convencionalismos que la sociedad permite en esos casos. Para evitar que los gestos y pasos que lo caracterizan parezcan ridículos suelen ser acompañados de música de ritmos y calidad variable.
BANALIDAD: Modo con que puede calificarse la actividad de los más, la conversación de los demás, la meta de los otros, la mayoría de las veces, con razón; aun sin percatarse de que los demás piensan lo mismo de sus respectivos demás, entre los cuales nos encontramos, mal que nos pese o nos fastidie sobremanera.
BANDERA: Trapo o sábana rectangular con colores vivos y bien visibles que simboliza el modo de diferenciación más gregario e irracional que concebirse pueda. En su nombre se han llevado a cabo acciones y genocidios tan destructivos como inútiles, los cuales jamás se llevarían a cabo por causas más constructivas, aunque tal vez sí por motivos más beneficiosos.
BANDIDOS: Miembros de una forma minúscula de colectivo llamado banda, que ofrece a sus miembros cierta apariencia engañosa de identidad individual, acentuada por el hecho de portar armas; sin embargo, sin la banda y sin las armas, ninguno de los definidos es nada y, por supuesto, mucho menos, nadie.
BANQUEROS: Personajes explotadores clave en la historia de la humanidad, cuya ambición es tan ilimitada como su imaginación para conseguir sus fines, sean lícitos o no. Sin su concurso, el mundo habría padecido muchas menos angustias, y algunos odios se habrían derivado hacia otros chivos expiatorios; a cambio, se habrían logrado muchos menos avances. El conocimiento de su absoluta necesidad es la fuente de su fuerza, de su desvergüenza, de su impunidad, de su nunca satisfecha ansia por tener más, más, más, y ser cada vez menos, menos, menos.
BANQUETE: Reunión que toma la ingesta desorbitada de alimentos y alcohol como pretexto para la obtención de contratos financieros, para pasar el obligado trago conmemorativo o como preámbulo para acceder acto seguido a las actividades sexuales que son de rigor en tales casos.
BARBA: Pereza visible y más o menos densa que aflora por la cara de los hombres, en general, y de algunas mujeres con exceso de testosterona, en particular.
BÁRBAROS: Pueblos desaseados e ignorantes que demostraron que, a la hora de la verdad una buena espada y una buena autoconfianza plena valen más que todos los monumentos y la cultura de una civilización por completo agotada y esclerotizada; y , a mayores, domesticada (o castrada) por el cristianismo de los primeros tiempos.
BARRICADA: Obstáculo de finalidad revolucionaria, terrorígena, o simplemente puñetera, compuesto al modo chabolista, es decir, juntando materiales diversos de solidez reconocida y procedencia variable, formando un collage que parece extraño aún no hayan llegado a valorar las vanguardias, aunque parece que se las llegará a incluir en el apartado performances, o así.
BASTÓN: Objeto cilíndrico alargado de varios usos (mando, apoyo, castigo, etc.) que es usado por gente que tiene en común su debilidad y su necesidad de sostenimiento externo de su descabalado e inconsistente interior.

Del libro inédito Palabrerío canalla, 1999

martes, 14 de marzo de 2017

CASI LLENA


Siempre impasible, siempre inmutable en su rostro ofrecido a quien la contemple, cambiante sólo en cantidad de superficie a la vista, curvilínea o esférica, irregular y arrasada de impactos, la luna siempre nos atrae la mirada en cualquier momento y bajo circunstancias bien diferentes. Para los humanos del paleolítico no debía resultar menos fascinante atrayente que para nosotros, sólo que ellos le darían explicaciones mágicas, esotéricas, divinas; como así sería durante milenios. Hoy, que sabemos casi todo sobre ella, la miramos y se nos queda la cara alzada en su dirección, y bien la veamos con nuestros ojos, o a través de un teleobjetivo o telescopio, su magnetismo resulta inexplicable. Porque siempre están ahí las mismas sombras, esos huecos, los mismos cráteres, esa esfericidad progresiva y cambiante, desde la plenitud hasta la desaparición. Hoy conocemos que la idéntica velocidad de traslación y de rotación del astro es la razón por la que siempre nos ofrece su misma cara, así como que no posee luz propia, sino que, a modo de gigantesco espejo, nos refleja la del sol. Pero es igual. Eso son sólo explicaciones científicas. Uno levanta la vista y nos quedamos pasmados. Pasmados, sí, pero no paralizados por un enfriamiento, sino por la imposible respuesta a llamada tan insistente, tan constante, y a la que siempre respondemos con sumisión.

Foto de cuarto creciente final, tomada con objetivo catadióptrico de espejo

Marzo, 2017 ----- Nikon D500

domingo, 12 de marzo de 2017

CULPA DE LA VANIDAD

La vanidad nos mata. Tiene a sus espaldas más muertes que la gripe e incontables más dolores. Leo en una revista antigua dos noticias más antiguas todavía, que tienen que ver con ella.

En la primera, Bernard Shaw halló entre un montón de libros de ocasión, como muchos otros escritores que hurgan en las librerías de lance, un libro suyo, con la dedicatoria que le había firmado a un amigo hacía algunos años. Encolerizado, compró el volumen, y junto a las letras de entonces, escribió las siguientes: “Al Sr. X, con un nuevo saludo, ¡el segundo!”. La reseña no menciona su edad, pero no es relevante al caso. Su reacción es de una ingenuidad tan infantil, que me ha provocado una sonrisa. No contempló ninguna de las posibilidades que su amigo tuvo para deshacerse de la obra dedicada. Porque pudo tener necesidades económicas y precisar deshacerse de algunos libros con que capear el temporal; pudo haberlo prestado y que no le fuera devuelto, y el prestatario obrar indignamente; pudo también haber muerto, y sus deudos haberse deshecho de la biblioteca al completo, como sucede tantas veces. O, seguramente, pudo haber considerado inaguantable la obra de su amigo, y para no amargar su vanidad con una opinión sincera que acaso no fuera bien admitida, no dijera nada de su extravío. En cualquier caso, el insigne autor olvida que, una vez escrita entregada la obra al mundo, ya no es suya, sino del mundo, y éste obra como mejor le parece.


Que es lo mismo que le pasó a John Irving, cuando deplora los sinsabores que le supuso llevar su novela Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra al cine (con el título de Las normas de la casa de la sidra), donde participó también como guionista e incluso ganó un óscar por ello. Refunfuñar por no poder controlar los cambios habido en el guión, en el montaje, en el ritmo, en la caracterización de los personajes, etc., es una clásica estupidez muy común, pues no se da cuenta (o no quiere o no puede) de que una obra sólo está en manos de su autor sólo hasta el momento en que la mostramos a los demás; no digamos ya si el formato y el medio cambian, como es el caso de una adaptación literaria al cine. El escritor estadounidense adolece del mismo mal que el escritor irlandés. Sólo cambian los modos y las causas, pero la esencia es la misma. Ah, la vanidad. Vanitas vanitatis et omnia vanitas, que dijera el Eclesiastés ya hace bastante. Era otro el significado, claro, pero me venía bien para concluir estas líneas. ¡Qué queremos! Yo también adolezco de lo que censuro.

sábado, 11 de marzo de 2017

LAS ABEJAS ANUNCIAN LA PRIMAVERA


La primavera va llegando. Aunque las avispas asesinas diezmen sus colmenas, ellas resisten. Su instinto las impulsa. Los efluvios de las plantas tempranas las atraen. Nada las detiene. Toda su labor continúa. El ciclo de la vida recomienza. 

Las Lomas, León (Castilla y León, España)
Marzo, 2017 ----- Nikon, D500

viernes, 10 de marzo de 2017

LAS PREGUNTAS DE GREGORY STOCK (4)

Pregunta 8

¿Preferiría ser integrante de un equipo deportivo que fuera campeón mundial, o ser campeón en un deporte individual? ¿Qué deporte elegiría?

Sin ninguna duda, me gustaría muchísimo más ser un campeón más modesto, pero campeón al fin y al cabo, de un deporte individual. Detesto todo lo que tenga que ver con el grupo y soy un individualista extremado, y en ocasiones hasta feroz.  No dudo que hay deportes cuya belleza o poderío depende del grupo y que si sólo los hubiese individuales la cosa sería más aburrida. Pero para mí la pregunta no ofrece duda. Lo más hermoso de todo tipo de combate no cruento es la confrontación de dos cuerpos, de dos inteligencias, de dos individualidades frente a frente, sin más ayudas que las meramente técnicas o auxiliares, sin otros instrumentos que extiendan el poder del hombre más allá de sus cualidades naturales, sin trampa ni cartón. Por eso, los deportes que no requirieran ni raquetas, ni arcos, ni pértigas, ni armas, ni palos, ni mazas, ni vehículos, ni vestuario excepcional, ni complementos que prostituyan la confrontación pura entre los contendientes, serían los que yo preferiría. La carrera, la lucha, ambas en sus distintas modalidades, serían los que contarían con mayor aprobación de mi parte.  Y de ellos, aquellos que opusieran a los participantes de dos en dos. Por último, escogería cualquiera de las formas de lucha oriental (yudo, kárate, full contact) o el boxeo sin ir más lejos.


Sin embargo, el deporte que más me fascina y de cuya práctica me gustaría ser un verdadero campeón sería el rey de los deportes-juegos de inteligencia, es decir, el ajedrez. No existe forma más brutal de combate con menos derramamiento de sangre o de contacto físico, no hay lucha más silenciosa, más intensa, más inteligente. En esta modalidad sólo dos personas frente a frente, nunca mejor dicho, ponen en liza sus conocimientos, sus caracteres, sus temperamentos, su fuerza, su resistencia, su astucia, su agresividad. Y todo ello, inmersos en una soledad absoluta dentro de sus cerebros, de sus corazones. Habrán podido tener apoyo, entrenamiento previo, pero a la hora de la partida, sólo el rival y el reloj son sus contrincantes y contra ellos sólo está uno para contrarrestar su acción. El ajedrez es el deporte supremo. Ser campeón de ajedrez sería la categoría laureada que yo escogería frente a cualquier gloria colectiva, fuera de la repercusión o importancia que fuera. Para mí sería algo secundario obtener un título o premio con otras personas, con las que formaría un equipo. Siempre me cuestionaría cuál fue mi grado de participación y cuál la responsabilidad de los demás en dicho éxito. Y sólo esa sospecha y la necesidad de repartir gloria con algunos más ya bastaría para que la satisfacción no fuese completa.

Pd/ Los textos que responden a las cuestiones formuladas en El libro de las preguntas de Gregory Stock, fueron creados entre 1998 y 1999

jueves, 9 de marzo de 2017

ADMIRACIÓN POR LOS PEREGRINOS


Siento profunda admiración por los peregrinos. No toda su actividad me la promueve por igual, pero siempre que veo alguno, en solitario, en parejas o en grupos, mi simpatía está con ellos.

De los peregrinos admiro casi todo: su decisión de realizar algo durante un determinado número de días, y llevarlo a cabo sin desmayo; su determinación y constancia en realizar la peregrinación correspondiente (por lo general, el Camino de Santiago); el arrojo y el tesón en lanzarse al camino, sabiendo que quien regrese no será el mismo que quien partió; la solidaridad entre ellos, cuando sucede cualquier inconveniente o desgracia; la alegría que transmiten siempre a su paso; su intercambio de sabiduría por esfuerzo; su valentía para echarse a andar. No admiro, en cambio, sus motivaciones, cuando son religiosas, aunque las respeto igualmente.

De los peregrinos, admiro casi todo. Lo cual no implica que yo quiera emularlos lo más mínimo. Vamos, que yo turista, sí, siempre. Viajero, a veces. Peregrino, nunca.

Monumento al peregrino (Burgos, Castilla y León, España)
Mayo, 2016 ----- Nikon D300

miércoles, 8 de marzo de 2017

PASSENGERS -2016-

Una nave espacial de un futuro lejano transporta 5.000 pasajeros y más de doscientos tripulantes en estado de hibernación hasta una colonia en un planeta remoto, donde comenzarán una nueva vida dentro de 120 años, que es lo que dura el viaje. La salida de dicho estado y la preparación del aterrizaje tendrán lugar sólo unos meses antes del fin del trayecto. Pero cuando han transcurrido sólo 30 años, el impacto con un meteorito provocará un fallo en una de las cápsulas individuales, y uno de los pasajeros saldrá de su estado letárgico, y despertará él solo, sin que nadie más lo haga. Toda la gigantesca nave, que se parece más a un crucero de gran lujo, está a su disposición para él, pero no hay nadie más con quien compartir la experiencia, ni con quien charlar, discutir, planificar, trabajar, etc. Está solo. Y a lo largo de un año lo intenta todo para salir de esa situación: desde buscar ayuda (lo que enseguida descarta por las distancias), o intentar un cambio de rumbo (lo que es imposible, porque no dispone de códigos de acceso a los controles de mando), a vegetarse y desesperarse de forma progresiva, hasta el punto de sopesar la ventaja del suicidio que diera fin a la perspectiva terrible de una soledad de años. Pero al fin se le ocurre algo distinto, cuando ya su modo de vida se asemeja ya al de un náufrago (con barba de meses, semidesnudo, sucio y harapiento, en contraste con la perfección tecnológica de su entorno). Se plantea despertar a otro pasajero para que comparta con él su existencia. Las dudas morales le asaltan, y las comparte con un humanoide que ejerce de camarero. Es realmente una pregunta ética de gran alcance. ¿Resulta moralmente aceptable que este personaje despierte a una persona hibernada, condenándolo así a no llegar a donde se dirige y a morir en el transcurso del viaje? Todos responderemos que no, pero todos comprendemos que lo acabe haciendo, por un buen puñado de razones. Pero si encima el resultado de su elección es una mujer con atractivo físico, currículum intelectual más que envidiable y expectativas muy sugerentes y compatibles, y encima se trata de Jennifer Lawrence, entonces, claro, le aplaudimos con las orejas. Al protagonista masculino, claro. Al guionista, le arrojamos directamente al espacio.


Esto es lo que sucede en los primeros tres cuartos de hora de la película Passengers (Pasajeros), obra del director noruego Morten Tyldum. De los 70 minutos restantes, mejor no les digo nada. Y no por evitar reventarles el argumento, no, sino porque a partir de ese momento, el rosario de tópicos e inverosimilitudes es de tal magnitud, que hacía tiempo que no me frustraba tanto un planteamiento tan interesante en principio, y tan penosa y comercialmente resuelto de mitad en adelante hasta el final, que ya es de traca. Y, si no me creéis, vedla, vedla, y luego me comentáis.

martes, 7 de marzo de 2017

CREPÚSCULO EN CAMOGLI


Hoy, sólo la belleza de la contemplación. Sin mayor añadido, pero sin restarle tampoco esencia.

(Debería recurrir a esta modalidad más a menudo, con la fotografía -si mereciese la pena en sí misma- como protagonista absoluta; y hablar -escribir- menos. Debería, sí. Debería...)

Crepúsculo desde San Rocco di Camogli (Liguria, Italia)
Julio, 2016 ----- Panasonic Lumix G6

lunes, 6 de marzo de 2017

POR RECORDARLO TODO TAN BIEN (MICRORRELATO)

Lo recuerdas muy bien. Aquellas tardes al salir de la escuela, en las que eras el blanco de sus burlas sobre tu aspecto, tus notas, tu actitud. Aquellos compañeros que se decían tus amigos, que fueron cambiando sus afectos, y que un día de común acuerdo te dejaron solo en aquel descampado una madrugada fría, sin saber dónde estabas y adónde habían ido todos. Las palizas de tu madre, cuando llegabas por la tarde de hacer algún recado que ella ya había olvidado tras las botellas vacías que apilaba en la despensa. La imagen borrosa de tu padre dando su último portazo y alejando para siempre su voz ronca y violenta. Después, los horarios nocturnos por unos miserables billetes, tras los que quedabas rendido; tanto, que a veces llegaste a dormirte en el portal. También, el salvaje asalto de aquellos desharrapados, la casa en llamas, tu madre carbonizada.

Porque lo recuerdas todo tan bien, asimilaste con mucho provecho las lecciones que la vida te fue dando. Por eso, cuando cada día aprietas el gatillo, arrojas a alguien al canal, o anudas algún cuello con hilo metálico, lo haces con la conciencia tranquila y con la idea firme de que cambiar en la vida es posible, que es algo que se puede decidir, y que tu elección fue la más acertada de cuantas hubiste de tomar.
Del libro inédito Micrólogos, 2012

domingo, 5 de marzo de 2017

CUESTIONAR LO ESTABLECIDO



En la vida hay una serie de preguntas cuyo enunciado y cuya respuesta son vitales para que la existencia pueda tener forma humana. Para mí la más importante es “¿por qué?”, que fundamenta casi todas las demás. Las que tienen que ver con el sentido de la vida son también importantes: las del tipo “¿a dónde voy?”, “¿qué hago aquí?”, “¿cuál es el sentido de mi vida?” están muy bien, y es muy importante responderlas con tino o, si no se alcanza la respuesta, es mejor ceñirse al día a día, que es lo que resulta más práctico.
Entre las preguntas que son más prácticas está justo ésta que encontré un día paseando por León, y que me parece esencial no para vivir mejor, que eso es difícil de lograr con esa actitud, sino para, simplemente, vivir individualmente, y no sólo biológicamente. Cuestionar lo establecido plantea una insatisfacción clara. Si tenemos un mínimo de inteligencia, muchas de las cosas que vemos no nos gustan, pero como llevan mucho tiempo existiendo creemos que resultan algo inamovible. Si caemos en esa trampa continuista, estaremos siendo conservadores sin saberlo (o sabiéndolo, que es peor). Si, por el contrario, nos preguntamos el porqué de su permanencia, ya estaremos dando el primer paso para comprender. Si comprendemos, tal vez entresaquemos las circunstancias o los intereses que la han motivado, y a continuación, se entenderán las contradicciones que la sustentan. El siguiente paso es de compromiso para cambiar lo que no gusta. Todo este análisis aboca a la acción, que admite muchas variantes y formas de actuar distintas. Pero todo arranca con la pregunta que hoy nos ocupa. Resulta la clave de todo cambio social, político o económico, en un sentido de cambio a mejor. Si nadie hubiera cuestionado su presente, aún nos hallaríamos bajo condiciones del paleolítico, por eso resulta clave como motor de avance. Y si no cuestionamos lo establecido, sólo significará una de dos cosas: o bien formamos parte del poder dominante, o bien nuestro nivel de sumisión  borreguil ha superado ya la barrera de lo humanamente tolerable.

En una calle de León (Castilla y León, España)

Junio, 2015 ----- iPhone 6 Plus

sábado, 4 de marzo de 2017

CONTRADICCIONES DE HOY DÍA (APUNTE A VUELAPLUMA)

Las cifras macroeconómicas demuestran la salida de la crisis, pero millones de europeos, sobre todo españoles, siguen por debajo del umbral de la pobreza. El país con más instituciones democráticas del mundo está liderado por un enfermo mental, recién elegido, que genera a diario más problemas de los que debería solventar. Nunca se ha escrito tanto como en nuestra época, así como tampoco nunca se había leído tanto; pero en proporción, jamás se ha dicho menos ni se ha asimilado tan poco. La familia es el lugar más seguro en tiempos de vacas flacas, pero en ningún grupo social la crueldad y la violencia ejercida puede ser tan sistemática y castrante. En Europa llevamos disfrutando el mayor período de paz de su larga historia, pero estamos en un tris de acabar con la unión que la hizo posible. Las mujeres llevan trabajando muchos años fuera del hogar, sin embargo, ello no ha promovido el reparto equitativo de tareas domésticas, y no hay nadie en el mundo que trabaje más que las mujeres que traen un sueldo a casa, ni que soporte mayor carga de estrés. Los países occidentales hemos llegado a crear una cultura material impresionante, pero que no somos capaces de sostener por nosotros mismos, pues nuestra tasa de natalidad está por debajo del índice de reposición desde hace mucho tiempo. Formamos parte de los países con mayores libertades y derechos del mundo, pero se los negamos no ya sólo a los inmigrantes, sino incluso a los refugiados que huyen de las guerras del entorno próximo. La universidad tiene desde hace varios años mayoría de mujeres en sus aulas, pero el peso femenino en las instituciones y en cualquier puesto de mando de cualquier tipo, sigue siendo reducidísimo. Los millones de toneladas de comida que se desperdician en el mundo desarrollado van parejos en ascenso con los millones de personas que pasan hambre a diario en diferentes puntos del globo. Los políticos prometen llevar a cabo una serie de medidas antes de ser elegidos, lo cual incumplen de forma sistemática en sus gobiernos respectivos, pero al ser convocados a las urnas de nuevo años después, los votos ratifican ese comportamiento, sin castigarlo, volviendo a elegir mayoritariamente a los mentirosos y corruptos. La política, que debería ser una profesión vocacional de servicio público, resulta en realidad un modo de enriquecerse, a la espera de que, al acabar los mandatos, las empresas beneficiadas por actuaciones precedentes premien tal labor con cargos honoríficos con sueldos astronómicos. Nunca ha habido tantos medios de comunicación y jamás ha existido el nivel de soledad que aqueja hoy a tantos. En los años que lleva durando la crisis mundial, el número de millonarios ha aumentado exponencialmente, y las industrias del lujo y el placer viven un momento de gran auge. Uno de los países con mayor insolación del primer mundo penaliza a quienes intentan obtener energía eléctrica del sol, con impuestos suplementarios e inspecciones exhaustivas sobre sus instalaciones particulares. En una época donde la globalización impuesta por los medios tecnológicos se hace cada día más evidente, determinados pueblos buscan la singularidad de su independencia, como un modo de sentirse más libres o más diferentes. No sé, hoy lo veo todo negativo. O contradictorio, como poco. Para colmo, luce un sol a raudales, pero la previsión meteorológica anunciaba lluvia y chubascos intermitentes.

viernes, 3 de marzo de 2017

DOS RESURRECCIONES DE LÁZARO


A veces los azares nos aventuran en curiosas coincidencias. El otro día, ordenando papeles, tirando muchos y creando espacios para otros, me encontré con un apunte para un relato. Es de septiembre de 2008 y está escrito en el instituto, en algún rato muerto de los que hay antes de comenzar el curso. Está escrito en un folio de una convocatoria de claustro, por detrás: se conoce que fue una cosa de urgencia, y usé lo primero que tenía a mano (no descarto haberlo escrito en el mismo claustro, pero no lo recuerdo). El caso es que en él venía a imaginar una recreación del mito de la resurrección de Lázaro, que a mí me fascinó siempre. En él, Jesús, compungido por el fallecimiento de su amigo, quiere regresar a su amigo de las tinieblas de la muerte, y le insta a salir de su tumba; pero Lázaro no sólo calla al principio, sino que, urgido por el imperativo divino, se niega en redondo a levantarse y volver a andar, como se le ordena; declina volver a vivir, en definitiva. Después vendría un debate sobre los pros y los contras, con argumentos bien razonados de ambas partes, aunque sentimos más próximos los de Lázaro. En el relato, comprobaremos que Jesús pasa del asombro a la tristeza, pasando incluso por un leve rapto de cólera. Al final, lo deja por imposible, aunque la sensación frustrante supondrá un antes y un después en su concepción de la vida y en sus predicaciones. Esto fue ayer.

Y hoy, cuando reviso fotos de esculturas que me sugirieran algo sobre lo que escribir en la entrada siguiente del blog, recalo en la carpeta de Gerona, y encuentro esta toma de uno de los capiteles del claustro del Monasterio de San Pedro de Galligants, que forma parte del Museo de Arqueología de Gerona. Y la conexión se establece de inmediato. El resto sólo es edición fotográfica, por una parte, y referencia escrita mediante el teclado, por la otra. A la espera, como es natural, de que algún día ese relato regrese al mundo de la luz, y resucite de verdad como yo espero.

Resurrección de Lázaro, capitel de Sant Pere de Galligants (Gerona, Cataluña, España)

Agosto, 2003 ----- Nikon D100

jueves, 2 de marzo de 2017

LAS PREGUNTAS DE GREGORY STOCK (3)

Pregunta 7

¿Cree que el mundo será un sitio mejor o peor dentro de cien años?

La ambigüedad no es mi fuerte, para qué nos vamos a engañar. Mejor, peor ¿para qué?, ¿de qué forma?, ¿para quién? En cualquier caso, será un mundo tremendamente tecnificado, suponiendo que exista para entonces, que eso es mucho suponer. Esa tecnificación, esa complejidad tecnológica no conlleva necesariamente mayor comodidad (en Japón, todo es muy “tecnológico” y en las ciudades viven de un modo vomitivo; en Estados Unidos, la cosa no es para tanto, pero su nivel de idiocia me preocupa, puesto que la seguridad del planeta depende de ellos). Pero se supone que para entonces nos habremos complicado la existencia de tal modo que seguiremos buscando artilugios para mejorarla, y así sucesivamente.

Dentro de cien años —e insisto, haciendo el esfuerzo supremo de imaginar que la humanidad y aun el planeta todavía se hallen presentes— el ser humano no habrá aprendido nada, como no ha aprendido nada hasta ahora, tendrá las mismas pulsiones asesinas del paleolítico, sublimadas a saber cómo, por quién, en qué medida y por cuánto tiempo. Dentro de cien años habremos contemplado el fin de determinadas enfermedades, pero nos habremos visto sorprendidos por otras, cuyo carácter letal ni siquiera sospechamos hoy. Es probable que la longevidad excesiva de la población de los países desarrollados plantee dificultades insuperables a los gobiernos de tales países. Es posible que el grado de contaminación y destrucción del medio ambiente hayan producido estragos, pero no habrá supuesto impedimento para que los más siempre se hallen a salvo y quienes más padezcan los efectos de tan calamitosa falta de previsión sean siempre los mismos. Es factible que el subdesarrollo brutal de la inmensa mayoría del planeta se haya ampliado hasta extremos que hoy nos dejarían atónitos, como consecuencia natural de la rapiña cada vez más sistemática y global llevada a cabo por los países autodenominados desarrollados. Es posible...


Todo es posible, pero indudablemente no para mejor, aunque con toda probabilidad no sólo para peor. Claro que la frase podría enunciarse alterando los factores. O sea, que todo puede suceder, porque aunque podrían empeorar muchísimas cosas, tampoco descartaríamos mejoras sustanciales. O sea, como siempre. No sé si me explico. Vamos, que para unas cosas sí, para otras no. Pero en quién juzgue la cuestión está el quid de la misma.


Los textos que responden a las cuestiones formuladas en El libro de las preguntas de Gregory Stock, fueron escritos entre 1998 y 1999

miércoles, 1 de marzo de 2017

LLUVIA EN EL SANTUARIO DE COVADONGA


Ir al santuario de Covadonga supone apostar sin fundamento a la ruleta, pues  uno nunca sabe el tiempo que habrá, porque hay más posibilidades de fallo que de acierto. Lo más apropiado es ir de cualquier modo, porque se trata de un lugar que en cualquier circunstancia aparecerá imponente a la par que recatado o bello al tiempo que kitsch. Y, según el momento del día o del año en que se llegue, y el estado de ánimo de quien lo visita, puede sentirse tanto silencioso como lleno de bullicio.

Yo lo he visto con un sol poderoso que lo ilumina todo de azul y de infinitas gamas de verde. He estado bajo un sol tímido, que juega al escondite, y que sólo arranca leves destellos a los tejados y a las aristas de los edificios. También lo he contemplado con niebla fluctuante, que hace que todo parezca una gigantesca fábrica de algodón de azúcar móvil. Y, las más de las veces, con lluvia suave, que es como yo lo prefiero. Porque es entonces cuando hay menos gente; cuando las gotas refractan mejor el espíritu del lugar. Pero, sobre todo, es cuando el sordo sonido de la lluvia sobre las hojas me tranquiliza el alma y me reconcilia con todo.

Basílica de Covadonga (Asturias, España)
Diciembre, 2002 ----- Konica Minolta DiMAGE 5

martes, 28 de febrero de 2017

HITOS DE MI ESCALERA (15)

Acostumbro a asociar la cerveza con las bicicletas, y aunque no tienen nada que ver, para mí sí, y mucho, como intentaré exponer a continuación.

Al acabar el infausto 1º de BUP, que supuso una severa cura de humildad para un petulante acostumbrado a ser de los primeros de la clase, creí llegada la hora de conseguir una de mis inveteradas reivindicaciones, jamás satisfecha: que mis padres me compraran una bicicleta. Casi todos mis amigos la tenían, y yo me sentía marginado por ello. No pensaba que fuera un gasto excesivo, y llevaba muchos años deseándolo con ganas, desde que aprendiera a montar en ellas, en una de las bodas a las que había asistido hacía poco. Yo no creía que las pesetas que costara una bici fueran demasiadas, pero mi madre -responsable de las finanzas familiares y de cuanto se gastara en casa- opinaba justo lo contrario. Pensaba que no sólo era cara, sino que era un gasto superfluo, del que se podía prescindir. Pero aquel verano del 77 tanto debí porfiar, que propuso una transacción que yo consideré justa. Buscaríamos el dinero para comprarla, haciendo algo que no habíamos hecho antes: trabajar. Y lo haríamos ella, mi hermano (que también se beneficiaría de su compra) y yo. La tarea sería sólo quince o veinte días en el mes de agosto, y consistía en ir a pelar lúpulo a una finca de las afueras, que se hallaba a poco más de un kilómetro de donde vivíamos. Con lo que obtuviéramos, se compraría la ansiada bicicleta. Yo estaba entusiasmado; y al principio, mi hermano también. Pero la cosa tenía sus dificultades.

Como es sabido, el lúpulo es una planta trepadora, cuyos frutos contienen un polvillo amarillento, que es lo que le añade el amargor típico a la cerveza. En aquellos tiempos, León y Valladolid tenían casi toda la producción española de dicho producto. El problema es que aunque la rama es muy voluminosa y puede alcanzar los 5 y 6 m. de altura, el fruto es muy pequeño y, sobre todo, pesa poquísimo. Como se pagaba a razón de la cantidad que marcara la báscula, cesta a cesta, era cosa de pelar mucho para sacar mucho, porque si no, no rentaba. Pero también estaba el asunto de la higiene. Es una tarea no demasiado engorrosa, que no requiere demasiada pericia, pero sí una constancia rigurosa, dado el carácter mecánico de su extracción, pero que es enormemente sucia, y uno acaba muy manchado (se llevaba ropa vieja, porque quedaba inservible después). También, oliendo de un modo tan característico -y nauseabundo- que aún hoy distinguiría esos efluvios donde quiera que los hallase de nuevo.

Con todo, la cosa se inició con gran brío por parte de mi madre y mía. Mi hermano se cansaría pronto. No le veía recompensa a corto plazo, y con 9 años lo que más le gustaba era jugar sin descanso, y no parar quieto un minuto. De modo que los que llevamos el peso de la tarea fuimos mi madre y yo. Fueron sólo dos semanas largas, ya digo, y era estimulante tener una meta que cumplir, animados por la ambición de lograr el objetivo sobre dos ruedas. Recuerdo con una sonrisa grata algunas conversaciones, las alabanzas sobre mi actitud “laboral” con que mi madre solía acompañarlas, tanto a mí como a los otros trabajadores, eventuales como nosotros. También, el ir a pesar una cesta llena hasta los bordes, aunque sólo pesara 6 ó 7 kg, a 5-8 pesetas/kg, era una experiencia maravillosa, no sólo por descansar un rato, sino por ver cómo engordaba el premio final. De igual modo, la hora del almuerzo, con la tartera llena de legumbres o pasta, y la fiambrera con huevos rellenos o tortillas variadas, era un momento de felicidad suprema. Además, mi madre, aquellos días, reverdecía. Estaba en su mejor momento del año, y eso que trabajaba todavía más. Porque dejaba todo inmaculado en casa, hacía la comida y llegaba sólo un par de horas después que yo, sobre las 11 de la mañana, y allí hasta las 8 u 8'30, casi sin parar. Estaba radiante como nunca la volví a ver. O sea, que la pela de lúpulo tenía a pesar de sus aspectos desagradables, un atractivo evidente.

Y llegó el día de cobro. Lamento no recordar cuánto fue, pero aunque no estuvo mal la cantidad definitiva, no conseguimos el total de lo que costaba la “BH” que a mí me gustaba. Yo propuse que bien podrían mis padres aportar lo que faltaba, pero mi madre enseguida evaporó toda esperanza al respecto. Porque: 1) el trato era que había que conseguir TODO el dinero, y no parte; y 2) ya estábamos a finales de agosto, quedaba poco para comenzar el curso, y “la iba aprovechar poco”. Mis lágrimas, pataletas, silencios y el disgusto prolongado no ablandaron esa vez su sensible corazón. Eso sí, me ofreció esperanzas muy fundadas de que con la temporada del año siguiente, la conseguiríamos fijo. Y en eso quedó la cosa. Hasta el año próximo. Y otros tres más, que fue los que realizamos dicha actividad. De ahí que cuando bebo una cerveza...

Pd/ Ni que decir tiene que la bicicleta jamás se compró. La única de la que dispuse durante unos cuantos años fue una que tenía una tía en el pueblo de mi abuela, que aquélla había traído de Francia, y se había quedado allí, tras su mudanza definitiva a Sevilla. Eso sí, mi madre no se quedó el dinero, sino que lo ingresó en nuestras libretas de ahorro, que nos habían abierto al nacer.

lunes, 27 de febrero de 2017

RECLAMO INTERESADO



Al perenne gesto del cocinero glotón no le afecta el paso de los años, ni las inclemencias del tiempo, ni siquiera la desconsideración de su dueño, que hace tiempo que dejó de cuidarlo, aunque siga sirviendo para lo que se lo creó, de reclamo publicitario. Ajado y descolorido, al cocinero tragaldabas no le importa nada, porque sabe que cuando terminen todos de comer, él comerá hasta hartarse, en un rincón apartado del restaurante. Por eso su gesto hambriento sabedor de su posterior hartazgo es menos actuación que convencimiento. Conoce lo que sucederá, aunque también sabe que más comerá cuanta más gente entre en el local. De ahí esa lengua que repasa su bigote curtido y denso. Señala lo apetitoso de lo que allí se ofrece, todo delicioso y muy apañado de recio. “Entren, entren, aquí se come de fábula -parece decir-, y cuanto más coman ustedes, más sobras quedarán para mí”. Su cara bonachona casi nos convence, hasta que tras dos tímidos pasos hacia el interior nos empuja hacia fuera un rancio olor a fritanga y a pucheros no muy fiables. La cantidad de gente que abarrota el local no parece aquejada de nuestros escrúpulos, y engulle a mandíbula llena lo que allí se ofrece. Salimos, al tiempo que una pareja joven con dos niños entra para ocupar la última mesa libre. Nos alegramos por ellos. También por el cocinero gordo y hambriento. Hoy tendrá buena ración de sobras. Antes de irnos, le susurro al oído: “hoy seguro que triunfas, gordinflón; buen provecho tengas”.
En una trattoria de Sta. Margarita de Ligure (Liguria, Italia)
Julio, 2016 ----- Panasonic Lumix G6

domingo, 26 de febrero de 2017

CÓMO TITULAR UNAS MEMORIAS

Como los escasos -pero valiosísimos- amigos que siguen este blog conocen bien, soy asiduo lector de literatura autobiográfica, de la que destacan diarios, epistolarios y memorias. De estas últimas quisiera hablar hoy siquiera breve y parcialmente. Con brevedad, pues el espacio es el que es, y uno nunca quiere abusar de la paciencia de lectores tan ocupados y amantes de su tiempo. Y tocando sólo una faceta de las mismas, que es el tema que hoy nos ocupa: sus títulos. Es uno de los aspectos más singulares de estas obras tan especiales, y que me llama más la atención. De hecho, la capta hasta el punto de ser determinante en ocasiones, a la hora de elegir alguna como compañera de viaje temporal. “Automoribundia” (Ramón Gómez de la Serna), “Camina o revienta” (El Lute), “Vivir para contarla” (Gabriel Gª Márquez), “Un armario lleno de sombra” (Antonio Gamoneda), “Confieso que he vivido” (Pablo Neruda), Jardín y laberinto” (Clara Janés), El tiempo amarillo” (Fernando Fernán-Gómez), “Todos náufragos” (Ramón Lobo), “Doble esplendor” (Constancia de la Mora), “Mira por dónde” (Fernando Savater), “Desde el amanecer” (Rosa Chacel), por mencionar sólo autores en nuestra lengua, podrían ser impactantes ejemplos.

Es por ello, y teniendo en cuenta que es muy aburrido titular, como hace la mayoría, sólo con la palabra “Autobiografía”, o “Memorias”; entendiendo, además, que cualquier título podría ser válido para identificar tales libros, me he permitido crear una lista de diez posibles títulos, por si pudiera servir de ayuda a algún creador bloqueado ante tamaña empresa, bien porque sin el título no la comienza, bien porque, una vez elaborada le falta la guinda que corone el pastel. Ahí van.
  1. Vuelo rasante
  2. La poda y el injerto
  3. En construcción
  4. Mudando la piel
  5. La espiral en zig-zag
  6. Andadura de papel
  7. La forja del cristal
  8. Ensayo perpetuo
  9. La curva de Gauss
  10. Haciendo hueco

Ahí ofrezco diez, pero podría poner cien: una vez puesto… Pido no obstante disculpas por si alguno de mis magníficas propuestas ya ha sido utilizada con anterioridad por alguien con grandes luces para esa tarea engorrosa de titular libros tan importantes como son las memorias. Uno ha leído unas cuantas, pero ni mucho menos los miles de obras que en el mundo habrá, y de la que siguen saliendo cada año una buena cantidad al mercado. Al fin y al cabo, todo el mundo sabe que la originalidad es una cualidad sobrevalorada, entre otras cosas porque la verdadera abunda poco, y suele ser atributo exclusivo de personas geniales. Uno, todo lo más, recicla, reescribe, retoma…

sábado, 25 de febrero de 2017

HOMBRE EN EL AIRE


Cuando contemplé esta escultura, me fijé sobre todo en la posición inestable, y me pregunté cómo se sostenía. Solucionadas las cuestiones técnicas, reparé en los correajes que la envolvían. Luego, en su gesto, su postura, el inestable escorzo de su conjunto. Pero había muchas obras en ese museo, muchas sorpresas que apurar en los tres cuartos de hora que faltaban para que ese universo minúsculo y gigantesco ubicado en Portofino cerrara sus puertas hasta el día siguiente.


Es ahora, meses después, al seleccionar, clasificar, distribuir y elegir para editar, cuando me percato de la posible semántica de la obra, cuya autoría no hallé por ningún lado en su momento. Envuelta por unas tiras de tela frágil, que no parece haber sido repuesta desde su creación, y que expuesta al aire libre como está, no tardará en destruirse lenta e inexorablemente. Apoyada sobre una parte del pie izquierdo (ni siquiera sobre el pie entero). En un escorzo casi imposible, que habrá requerido abundosos cálculos físicos para lograr sortear las atracciones de la gravedad. Con la cabeza gacha bajo los brazos, como si estuviera protegiéndose de algo que podrá golpearlo. Desnudo, y de cuerpo esbelto, clásico, bello. De bronce, duro pero hueco, recubierto de una pátina oxidada no se sabe si por acción del aire y el salitre o por decisión del artista que la concibió. Una sorprendente mixtura de tradición clásica formal y modernidad crítica. El modo en que se nos muestra ¿no nos lo hermana en conjeturas, en miedos y en pensamientos? Su inestable equilibrio ¿no es un aviso certero sobre nuestra condición de mortales bajo amenaza? Su paso en el aire (sobre la nada) ¿no muestra la misma zozobra de nuestra cotidianidad? Él, en su conjunto ¿no viene, desde su silencio tembloroso, a representarnos a todos?

Escultura en el Museo del Parco, en Portofino (Liguria, Italia)
Julio, 2016 ----- Panasonic Lumix G6

viernes, 24 de febrero de 2017

DROGAS CONTRA LA REALIDAD INFORMATIVA

En los últimos tiempos me drogo cada vez más. Mucha serie adictiva. Mucha película reciente. Mucho libro de memorias. Mucha foto atrasada. Mucho tirar folletos turísticos. Mucho ordenar mi piso. Mucha conversación novedosa. Y aunque aún no he dado el paso hacia las sustancias estupefacientes, ni tampoco he probado las alucinógenas, que nadie descarte nada. Todo, con la ingenua pretensión de no escuchar o dar al olvido las noticias que la radio, la prensa y la televisión llevan dando desde que comenzó el año (como si el precedente hubiera dado alegrías). Todo, para inflarme una vez más con el pecado imperdonable de incurrir en la ingenuidad más inmadura o el tancredismo más estúpido, y seguir creyendo que la justicia es casi igual para todos, que quien la hace la paga, que de las decisiones democráticas no pueden salir malas decisiones, que el capital no gobierna el mundo, que hoy los artistas más preclaros tienen el mismo valor que los del pasado. No tengo remedio. Por tanto, ¿necesito o no necesito drogarme para asumir la realidad?

jueves, 23 de febrero de 2017

EL BOSCO Y SU PERENNE MAGNETISMO



En la cartela que hay al lado de este Juicio final, además de sus características físicas y algunas semánticas y simbólicas, aparece la apreciación: “Autor: atribuido al Bosco”. Pues claro. A varios metros de distancia, sin haberlo previsto ni leído con anterioridad, y con una sorpresa mayúscula de mi parte, me encontraba en un museo local de una ciudad donde no pensaba hallar algo semejante, ni por asomo: una tabla pintada al óleo con figuras cuya adscripción atribuyo yo también de inmediato al controvertido pintor flamenco. Hasta que me acerco más, lo verifico y exclamo un “¡claro!”, muy satisfecho por mi intuitiva identificación.

Naturalmente que se trata de un Bosco. Y eso, incluyendo que la autoría no fuera la suya. Ese universo es suyo por derecho propio. Igual no lo pintó él, pero daría igual, siendo, como es, una obra fechada a principios del XVI. Acaso fuera alguien cercano, alguien fascinado, como tantos a lo largo de la historia, por sus mundos alucinados y personalísimos, y que copiara con fidelidad su mundo y sus rasgos. Incluso puede que, como otros comentan, sea una obra verdaderamente pintada por el llamado Bosco, catalogada en su momento entre las posesiones de Felipe II, pero que acabó perdiéndose en su devenir, y hallada varios años después. Al espectador estas cosas le traen un poco al pairo. A mí, al menos. Cuando uno conecta con las figuras creadas por su intelecto torturado y visionario, ya no puede alejar la vista de ellas. Cuando la sorpresa se añade a lo que la potencia de sus figuras transmite, el placer es infinitamente mayor.

La inmensa cantidad de estudios realizados sobre la obra de este excelso autor, de biografía dudosa e interpretación esquiva, no satisfarán nunca la necesidad de conocimiento que su figura nos promueve. Basta con ver esas anatomías incompletas; esos contrastes entre seres híbridos y gigantescos y los humanos tan pequeños y vulnerables en su desnudez permanente; esa coexistencia entre el universo divino e inmutable y la aparente anarquía y disposición de una humanidad desorientada; esa imaginación impensable a finales del medievo, aleada con su capacidad anticipativa y la minuciosidad del óleo flamenco sobre tabla; basta con eso para quedarse un buen rato extasiado ante tanta pequeñez física (76x70 cm) y tanta grandeza simbólica y estética. Que la autoría real viniera a ratificarlo con la legalidad pertinente no añadiría un ápice al disfrute obtenido en ese momento. Del mismo modo que la comprobación de una autoría diferente o novedosa no empañaría tampoco nada de cuanto queda dicho. Y dicho queda.

Juicio Final, óleo sobre tabla atribuido al Bosco, que se halla en el Palacio Decanal, sede del Museo de Tudela (Navarra, España)

Marzo, 2015 ----- Panasonic Lumix G6

AVISO A VISITANTES

Todas las imágenes (salvo excepciones indicadas) y los textos que las acompañan son propiedad del autor de esta bitácora. Su uso está permitido, siempre que se cite la fuente y la finalidad no sea comercial
Si alguien se reconociera en alguna fotografía y no deseara verse en una imagen que puede ver cualquiera, puede contactar conmigo (fredarron@gmail.com), y será retirada sin problema ninguno.