martes, 18 de diciembre de 2018

AMORES FANTASMAS (MICRORRELATO)

Mi madre vuelve a consolarme de mi desgracia. Le recuerdo que me han dejado ya demasiadas veces. Replica que nunca son demasiadas, que merezco más. Recapacito un poco. Tal vez tenga razón. Leo de nuevo otra antología de cuento gótico. No puedo evitar enamorarme de la protagonista. Es una mujer fantasma de gran solera. Capto similitudes entre ella y la última. Acaso todas ellas alberguen un  patrón oculto. Su cuerpo se desvanece siempre en el último momento, justo cuando creo que voy a conjurar mi estado virginal. Puede que una maldición me haya señalado con su dedo. Es posible. Bien saben los hados que he intentado que me gustara una mujer de carne y hueso; “real”, digamos. Pero me ha sido imposible. Mi timidez me bloqueaba ante la rotundidad de sus formas, y su discurso me HA apabullado siempre. Me defiendo mejor con las heroínas decimonónicas de los grandes folletones. Pero me dejan siempre. Lloro demasiado. Soy demasiado débil y debería cambiar. Sin embargo, ¿quién quiere cambiar? Me han dejado demasiadas veces, y un regusto de fracaso continuado conforma mi ser más profundo. Mi madre sigue apostillando que nunca son demasiadas, que debo insistir, que todavía no he sido humillado a plenitud. Vuelvo a recapacitar. Como siempre, es probable que le asista toda la razón.

Del libro inédito Micrólogos, 2012

lunes, 17 de diciembre de 2018

DESDE FINISTERRE, TANTO DETRÁS, TANTO POR DELANTE


Cuando se llega a Finisterre, se es consciente de que millones antes que nosotros habían pisado sus rocas, aunque no todos con idénticos fines. Pero el final del Camino es tan poderoso, que parece el último de los finales. La mayoría había llegado allí como resultado de una tradición. Si se llega caminando a Santiago de Compostela, menos de cien kilómetros más no asustan. La mayoría los hace. El reto está en el mar, en contemplar el horizonte desde los acantilados del cabo más famoso de la Península.

Una vez allí, el reto es el mar, pero las olas se vislumbran enseguida. El horizonte, algo más lejos, lo hace después. No todos llegan a contemplar el abismo abstracto que se capta desde las alturas del final añadido del Camino. A veces, la niebla lo impide. Otras ocasiones, el cerebro está tan embotado, que sólo se puede sentir: alegría por lo logrado, emoción por la llegada, tristeza por el fin del proyecto, llanto ambiguo, incertidumbre ante lo por venir.

Aquella tarde en Finisterre el sol declinaba y un océano de nubes bajas había descendido irregularmente para besar al océano salado, para aplacar al proceloso piélago traidor. Apenas se veía el agua, pero el sonido nos despejaba las dudas. Allí abajo aguarda la muerte. Pero si se eleva la mirada, la calidez del crepúsculo te instila vida y ánimo para el siguiente recorrido.

El islote próximo ofrece perspectiva y referencia. El oleaje, arrullo continuo.

Finisterre (La Coruña, Galicia, España)
Agosto, 2010 ----- Nikon D300

domingo, 16 de diciembre de 2018

LOS OTROS LIBROS DE ARAMBURU

Fernando Aramburu es un tipo raro. Entendiendo esta palabra en el sentido cuantitativo: no abundan los escritores con su trayectoria, su biografía, su coherencia, su sentido del deber. Su escritura también es muy interesante, pero es menos rara. Este autor vasco, afincado en Alemania desde hace varios años, que ha reventado las listas de ventas con su novela Patria, lleva escribiendo tres décadas, pero sólo ahora la mayoría de la gente repara en él. Es algo natural. Nadie se extraña. Pero algunos lo conocíamos de antes, de sus libros de relatos, sobre todo Los peces de la amargura, donde ya trata el problema de la convivencia en el País Vasco con una capacidad de penetración extraordinariamente lúcida, y sin embargo sutil. Pero yo también he caído en eso que llaman el “descubrimiento” de un autor, a raíz del éxito del novelón patriota. Y he encontrado otros textos interesantes, que he liquidado las últimas semanas.

El primero, Autorretrato sin mí, es de naturaleza más poética, más acogido al placer de la memoria, fragmentaria, volátil y tornadiza. No equivale a un diario. Tampoco es un desnudo ni ideológico, ni biográfico, ni sentimental. Pero la calidad de su prosa es una maravilla para quienes escandimos sus líneas con moroso deleite.

Pero el que más me ha gustado de los dos es uno que encontré en un kiosko (que le ronca el níspero) mientras hacía tiempo para un cambio del parabrisas de mi coche en un taller. Se titula Las letras entornadas, y como valoración muy resumida puedo afirmar que es una delicia absoluta. El autor estructura sus 32 textos en una supuesta reunión que tenía cada jueves con un hombre mayor (el Viejo, como le llama aquí) en casa de éste, adonde acudía para charlar de esto y aquello, mediando siempre unos vinos de altísima calidad. Al hilo de las conversaciones, Aramburu le va diciendo que sobre lo que hablan en cada momento, él había escrito hace tiempo un texto, un artículo, una reseña, o lo que fuera. El Viejo (al que le cansa ya mucho la lectura) reacciona siempre queriendo que se lo lea, cosa que hace al día siguiente. Y así con cada capítulo: un inicio con lo que sucede entre ellos, y luego el texto aludido que supuestamente leería al amigo.

Los temas son muy variados, pero tienen que ver con la Literatura, el Arte, con autores queridos, con aspectos de la vida, del amor y la muerte. Se nota que son textos escritos hace tiempo, pero conservan interés, rezuman inteligencia y su lectura me ha parecido una gozada completa, muy inesperada, he de confesar. El folio final (en esencia, la última línea), con la despedida definitiva de los dos amigos, encierra una sorpresa que no desvelaré, pero sí puedo apuntar que me dejó unos minutos sonriendo agradecido aún más, pensando un buen rato sobre ese remate tan elegante, tan enigmático, tan necesario.

sábado, 15 de diciembre de 2018

AISLAMIENTO ABSOLUTO


Debo desengañar a quien piense que este hombre solitario se encuentra practicando la meditación budista en unas colinas hindúes o birmanas. En realidad, se halla en un jardín urbano de Occidente.  Eso sí, lo suficientemente grande como para que se haya colocado entre unos arbustos, suficientemente apartado de todos como para sentirse solo, separado de los demás. Ése es el objetivo que pretendía, y que como se puede comprobar ha logrado plenamente. 

La prueba de que lo que digo es así no reside en el espacio que lo circunda, sino que se halla en su expresión, que dista de ser atractiva, pero lo que no se puede discutir es que es absolutamente natural: es algo que podríamos hacer cualquiera de nosotros, si tuviéramos la constancia de que nadie nos mira, de que nadie se puede reír de nosotros, de que la intimidad es lo único que nos envuelve. Es uno de esos gestos que hacemos todos los días: gesticular, hurgarnos la nariz, reacomodarnos los genitales, entresacarnos la lencería de las profundidades donde acaba alojándose, etcétera. Son por completo naturales, pero que socialmente se consideran vulgares, inapropiados de cara a la colectividad. Se trata de gestos o actitudes que se asocian a la intimidad, a la soledad, que jamás nos reprochan nada.

Y en la intimidad más absoluta se encontraba este hombre que llegó a este apartado rincón del parque con su mochila, sus problemas, sus alegrías, sus recuerdos, sus proyectos, y sus ganas de estar solo. Gesticuló un rato con los músculos de la cara. Luego, manoteó de forma pausada, como estirando los músculos. Por último, adoptó una posición meditativa, en la que se sumió inmóvil durante un buen rato, tanto, que acabé yéndome antes de que saliera de su trance, que imagino gustoso, estimulante y generador.

Jardín japonés, en Toulouse (Haute Garonne, Midi-Pyrénées, Francia)
Julio, 2011 ----- Nikon D300

viernes, 14 de diciembre de 2018

LAS PREGUNTAS DE GREGORY STOCK (22)

Pregunta 58


Un buen amigo suyo le gasta una broma bien preparada que apunta a uno de sus puntos débiles, y lo deja en ridículo. ¿Cómo reacciona usted?

Así en abstracto y en general, parece difícil responder. Habría que calibrar qué tipo de broma, qué intencionalidad, qué tipo de ridículo. Si la broma es del tipo "privado", aunque quedara en ridículo, sería algo entre mi amigo y yo, que no me habría gustado y que le recriminaría, pero la cosa no pasaría a mayores. Ahora bien, si la broma fuese muy pesada, pretendiera herirme profunda y deliberadamente y el nivel de ridículo fuera humillante y ominoso, mi reacción sería la clásica en mi persona en este tipo de situaciones: tendría desde ese momento una persona menos en mi lista de amigos.  La justificación es muy clara. Se supone que si es mi amigo, me conoce y sabe cuáles son mis modos de comportamiento, así como las fisuras que todos poseemos y aun con todo sigue adelante y se dan esos tres condicionantes, lo cierto es que esa persona no merece mi amistad ni yo el riesgo de una segunda situación repetida, que si se tienen en cuenta los antecedentes, resultaría más que probable.

Pd/ Los textos que responden a las cuestiones formuladas en El libro de las preguntas de Gregory Stock, fueron creados entre 1998 y 1999

jueves, 13 de diciembre de 2018

LAS NUEVAS VIDRIERAS CONTEMPORÁNEAS FRANCESAS


Las grandes catedrales francesas son pródigas en vidrieras. No es que las inventaran allí, pero sí fueron quienes elevaron ese arte a una categoría superior. Lo hicieron amparados en la desmaterialización de los muros que produjo la arquitectura gótica. Y las elaboraron mediante procedimientos secretos, traspasados de padres a hijos a través de lo que era una técnica familiar que se transmitía de generación en generación. Y tanto era el secretismo de su elaboración, que cuando se acabó el ciclo de las más importantes construcciones góticas, allá por principios del XVI, se perdió también el conjunto de prácticas que conducían a la creación de las magníficas vidrieras medievales. Su arte desapareció para siempre. Sin embargo...

No todas las catedrales poseen hoy vidrieras de calidad, e incluso algunas las perdieron durante alguno de los muchos conflictos que se libraron en este país. Pero de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda recrear huecos que se hallaban en blanco por una nueva hornada de vidrieras de cuño contemporáneo, donde algunos artistas plantean una forma novedosa de mostrar la espiritualidad cromática de los ventanales de las iglesias y catedrales. Hay ejemplos a lo largo y ancho de todo el hexágono galo. Pero ésta está en un lugar algo apartado, en el Finisterre francés, en la Bretaña, en una de sus ciudades más interesantes: Quimper.

En la imagen se ve representado un hombre que lee, que tal vez refleje a uno de los evangelistas, pero que yo quiero imaginar como un hombre laico que se interesa por los libros que otros piensan sagrados, y que muchos otros consideramos obras reveladoras de cuanto el ser humano ha ido desarrollando a lo largo de su azarosa existencia; obras muy valiosas, desde luego, pero sólo humanas. Los tonos fríos aíslan al protagonista, y las líneas que lo circundan puede que lo encuadren para separarlo del entorno. Es una nueva forma de mostrarnos al ser humano en un contexto religioso, pero con las incorporaciones de los tiempos modernos. Aunque entre dichas recuperaciones no se halle la exquisita calidad tonal ni la pureza que la secreta alquimia medieval otorgara a aquellos vidrios elaborados a mayor gloria de Dios.

Catedral de Quimper (Finistère, Bretaña, Francia)
Julio, 2015 -----  Panasonic Lumix G6

miércoles, 12 de diciembre de 2018

HITOS DE MI ESCALERA (33)

En 1982, los ciudadanos de este país fuimos convocados otra vez a las urnas. Era una convocatoria muy importante, pero no sólo porque fueran elecciones generales, ni porque los españoles fuéramos a repetir algo que practicábamos desde hacía muy poco (desde junio del 77, en realidad), ni porque se ventearan vientos de cambio muy importantes tras el agotamiento del proyecto político de Adolfo Suárez, apartado ya del partido que fundó sólo cinco años antes. La convocatoria del 28 de octubre de 1982 fueron importantísimas, además, porque yo voté por primera vez. Tenía 19 años, y un idealismo racionalista (valga el oxímoron) de tres pares (valga la vulgaridad).

Tomé aquella convocatoria como algo personal. De aquélla no había llegado a plantear que el voto fuese obligatorio, pero casi. De cualquier manera, yo hacía proselitismo hacia la participación, como si la vida me fuese en ello. Y, a mayores, me impliqué en la campaña electoral como nunca volví a repetir.

Por aquel entonces, mis ideas eran de izquierda. En algunos puntos, radicales, coqueteaba con algunos apuntes comunistas. Pero en la mayoría de las cuestiones tenía más afinidades con las del socialismo remozado de Felipe González. Aun así, me propuse ser un ciudadano modelo y responsable, y cotejar con seriedad las ideas de los diferentes contendientes. Para ello, me planteé dos vías principales: la primera, pasarme por las sedes de varios partidos, recoger programas (la propaganda me interesaba mucho menos) donde dejaran constancia de sus propuestas para los graves problemas que aquejaban a la sociedad española de principios de los 80. Y aquí ya me topé con la primera bofetada de la realidad. Cuando acudía a las diferentes sedes, todo eran buenas acogidas y entregas de mucho material propagandístico, incluso algunas cosas curiosas como globos, bolígrafos, chapas... Pero, programas-programas, es decir, folletos completos donde figurara por escrito lo que cada uno proponía, sólo lo conseguí de primera mano en tres de ellos (y visité nueve sedes). Primera decepción, por consiguiente (dijera Felipe).

La segunda era mi asistencia a mítines y charlas de los diferentes líderes -locales y nacionales-, donde poder pulsar la esencia de los diferentes idearios que se nos mostraban a los ciudadanos. Casi todos ellos fueron multitudinarios. Pero comprobé enseguida algo que cualquiera puede captar en actos de esta índole: la inmensa mayoría de quien acude a un mitin (por no escribir “la totalidad”) lo hace entregado a la causa, por lo que ya tiene su voto decidido, y no va a que lo convenzan con argumentos, sino con la intención de reforzar cuanto se piensa, y, sobre todo, conocer en persona a los líderes que se han visto en en los carteles o en los medios de comunicación (y digo conocer, porque entonces aún no había móviles con cámara). De modo que yo en aquellos mítines fui una de las raras excepciones que acudieron a confrontar ideas, caras, actitudes. Y aunque en aquellos actos logré algún programa más, lo cierto es que en ellos no escuché más que diatribas e insultos de variada intensidad contra los diferentes adversarios, chistes de dudosa gracia dirigidos a la masa afecta, y pocas, poquísimas ideas claras sobre lo que se haría en el caso de salir favorecido en la votación. Segunda decepción, como es natural (dijera Fraga).

Con todo, mis recuerdos me retrotraen a la algarabía de los altavoces, a la alegría de los asistentes, a las voces proferidas, a los aplausos con que se premiaba cada intervención, a la paella que se repartió en los exteriores del palacio de los deportes en el mitin de Landelino Lavilla, presidente del partido del gobierno (la UCD de Suárez, pero ya sin éste al mando), y al miedo que experimenté en el mitin más tenso y potencialmente peligroso de todos a cuantos asistí: el de Fuerza Nueva en el Teatro Emperador. Rodeado de gente de extrema derecha, y con escuadristas uniformados de azul (y armados) cada diez metros, tuvo lugar el mitin de esta fuerza liderada por Blas Piñar, de quien pude contemplar sus muy floridas soflamas en riguroso directo. También, a qué negarlo, al asombro que me produjeron los políticos más próximos a mi ideario, los del PSOE en su mitin de la plaza de toros, que me parecieron mediocres, bastante rastreros en sus descalificaciones y de muy floja preparación asamblearia. Tercera decepción, mireusté (dijera Aznar).

Y, sí, ganaron estos últimos. O sea, los que recibieron mi voto. Y aunque no era de nadie y ellos no eran los míos, me entusiasmé, claro. Fue un día muy luminoso y que supuso un antes y un después en la política española. Hubo quien postuló que el estrepitoso fracaso del partido que había liderado Suárez, que lo abocaría a su desaparición poco después, y la fantástica mayoría absoluta lograda por Felipe González, Alfonso Guerra y los suyos, supuso el final de la Transición Política española, y que entonces comenzó la “política y la economía de verdad”. Me alegré mucho, ya digo. Pero yo nunca volvería a ser el mismo. Si entonces experimenté tres decepciones, la desilusión se agrandaría extraordinariamente en los años siguientes. De hecho, mi bautismo electoral implicó una pérdida de la inocencia política. Nunca más volvería a votar a un partido político.

Desde entonces, el voto en blanco es mi forma de opinar sobre la calidad de su desempeño y de despreciar su forma de entender lo que es la política y el servicio a los ciudadanos. Durante mucho tiempo he explicado mi postura en clase y fuera de ella. Ahora no pienso hacerlo, pues no siento necesidad alguna, ni tampoco es el foro adecuado ni, sobre todo, el momento. Años después leería una estupenda novela de José Saramago titulada Ensayo sobre la lucidez. En ella, el nobel portugués imagina un futurible fascinante: que la mayoría absoluta en una elección fuera de votos en blanco. La trama que se sucede a continuación es memorable. Y no es que antes no lo estuviera, pero desde aquel momento me siento mucho más justificado en mi decisión sobre el particular. 

martes, 11 de diciembre de 2018

LAS MALDITAS Y MARAVILLOSAS LUCES NAVIDEÑAS


El título de la entrada ya lo dice todo sobre lo que pienso acerca de esta antigua costumbre. Por un lado, uno no es insensible a la estética que acostumbran a tener estas instalaciones eléctricas que alumbran las calles en la época del año con menor presencia de luz solar. A pesar de que hay algunas horrendas y penosas, la mayoría son agradables y transportan a los viandantes al "espíritu navideño", o lo que eso suponga. Por otro lado, ver esas ristras de puntos luminosos de formas diversas y machacona repetición me enlaza con la época del año que más me fastidia en lo que tiene de consumismo irresponsable, imprudente y manirroto. Sin perjuicio de que la navidad nos traslade otra vez al reencuentro con la más regular fuente de conflictos que existe sobre la Tierra: la familia, y lo que ello comporta. Aunque luego uno se retrotrae a algunos momentos de la infancia en la que estas vacaciones familiares, los regalos, las ilusiones y demás zarandajas le gustaban mucho al niño que fui, y la sonrisa boba se me expande sin saber bien por qué. Claro que después recuerdo que casi nunca acababan bien, en paz o armonía, así que... Vamos, que el título está bien puesto y no lo cambio, ea.

Iluminación navideña de Madrid (España)
Diciembre, 2007 ----- Nikon D100

lunes, 10 de diciembre de 2018

MI PALABRERÍO CANALLA (40)

DESESPERACIÓN: Ofuscación temporal que impide ver (y usar) la gran cantidad de drogas o lenitivos que pueden animarlo a uno a proseguir la inercia y la abulia personales.
DESGRACIA: Adversidad habitual en los tontos, los cenizos, los pesimistas o los mal situados geográficamente; en los restantes, es decir, los inteligentes, los optimistas y los que están bien situados geoestratégica y climáticamente, también se da, por supuesto, pero suele ser muchísimo menos corriente.
DESHONRA: Vulneración de la honra (v.). Como cada uno la tiene depositada mayoritariamente en un sitio, persona o glándula distinta, uno nunca sabe cuándo está cargándose la honra del prójimo, lo cual es susceptible de acarrear violentos aprendizajes sobre la marcha, que pueden llegar a ser los últimos.
DESIERTO: Porción de terreno vacío de contaminaciones varias, bien porque haya un calorcito insoportable, bien porque el calor (o el frío) restrinja el deseo de cópula, bien por la ausencia de fuentes de energía sobre las que ejercer algún divertido latrocinio.
DESORDEN: Caos confuso en la disposición de los objetos o de los pensamientos; hay personas que se desenvuelven en él como peces en el agua, y, en cambio en un medio ordenado se pierden: ¡parajodas de la vida!
DESPEDIDA: Acto de gran emoción (por lo que se pierde o por lo que se gana), antesala de un período alejado de quien nos suele tocar mucho las narices, agradable o desagradablemente.
DESPOTISMO: Imperio arbitrario del déspota, el cual no es otra cosa que un payaso metido a dominador a contrapelo de su tiempo y de sus neuronas.
DESPOTISMO ILUSTRADO: Variedad de despotismo (v.) en la que el titular del poder se halla dotado de una mayor inteligencia y un mayor arropo de gente culta a su alrededor; no obstante, aquejado de un inesperado interés altruista, quiere poner sus cualidades al servicio de la gleba, la cual rechaza tales intereses porque no participa en su elaboración y le sigue fastidiando que le impongan las cosas, aun siendo las que necesita con perentoriedad.
DESPRECIO: Demostración a alguien de la pérdida de estima que le tuvimos y que ahora no le tenemos, por una causa u otra, o tal vez por todas ellas juntas; que hay mucho idiota suelto que no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
DESTINO: Código de vida prefijado de antemano por no se sabe quién ni se sabe cómo, y, mucho menos, hacia dónde. Todo lo cual no desanima, antes al contrario, a quienes le tributan perenne idolatría.

Del libro inédito Palabrerío canalla1999

domingo, 9 de diciembre de 2018

LA ABSTRACCIÓN DEL ARTE MUSULMÁN


No fue la cultura del Islam la primera en la historia de la humanidad en alejarse de lo figurativo para abrazar la abstracción, pero sí fue la primera en reflexionar a nivel teórico sobre ello. Su religión, que prohibía la representación de Dios, pues éste no era sino un espíritu, contribuyó a extenderlo a casi toda figura humana o animal. La filosofía racionalista aristotélica, de la que bebieron los musulmanes durante siglos, ayudó a que la geometría de Euclides, también transmitida en vía indirecta por los árabes a Occidente, fuera el referente decorativo del arte islámico: así, cuanto captara la vista no debía distraer de los pensamientos en los rezos diarios en la mezquita o en los patios rumorosos donde el agua entremezclaba sutiles pensamientos y aromas de Oriente. Esa geometría, por su gusto por la repetición ilimitada, monótona por vocación voluntaria, como una letanía o la propia música árabe -y como ellas, sin principio ni fin-, llega a sugerir imperiosamente el espacio infinito, justo donde la divinidad llama al alma humana a trascenderse. Contemplando esos azulejos de lacerías repetidas e inacabables,  llegaremos a contemplar la nada, o a Dios, que viene a ser lo mismo.

Panel de azulejos en el Patio de Comares, en la Alhambra (Granada, Andalucía, España)
Enero, 2009 ----- Nikon D300

viernes, 7 de diciembre de 2018

DICIEMBRE. TIEMPO. ENTREVISTA CON EL VAMPIRO

Diciembre ha accedido a nuestra piel y lo curioso es que nada lo ha ido anunciando, ni el tiempo atmosférico, ni las hojas que aún restan en los árboles del parque. El tiempo se ha sucedido a sí mismo con una rapidez inusual en mi vida. No me he percatado apenas de lo que se ha desarrollado ante mis ojos en los últimos dos meses. Creo que ahora mi frágil memoria no ventea en sus archivos un período en el que la volatilización de mis días me haya hecho caer en la cuenta de ello. Todo se ha ido evaporando con ese transcurrir evanescente de la prisa y de las diferentes ocupaciones, aliñadas con un sentido un tanto obsoleto de la responsabilidad. No, no me he enterado casi de lo que ha ocurrido. Sin embargo, no me lamento por ello. En realidad, no me preocupa no saber qué ha ocurrido: lo cierto es que nunca pasa nada. Y si pasa, no es tan importante como lo que mi cabeza está macerando a cada instante. No, no es un problema de ese calibre. Es no poder analizar, sentir, reposar, escribir todo ese vértigo lo que me desazona con voracidad. Es comprobar que yo, mi tema de observación favorito, no posea el necesario número de respiros como para degustar lo que siento, al margen de su calidad o categoría. Y que, encima, para mayor regodeo sobre el particular, cuando dispongo de ese tiempo, no soy capaz de hacer algo que en verdad sea meritorio y lo suficientemente sensitivo como para que le quede a uno la marca indeleble de la satisfacción absoluta.

Compruebo en el transcurso que el tiempo cobra un relieve superior cada vez, hasta casi copar el registro de mis preocupaciones. Y ello lo traslado a todo aquello en lo que me involucro. Hace un par de horas, aproximadamente, veía "Entrevista con el vampiro". Una película para olvidar, en líneas generales, a excepción de que planteaba con claridad precisamente esa ansia temporal de que yo adolezco cada vez con asiduidad más pertinaz. El protagonista interpretado por Brad Pitt es un vampiro atípico, pues se hace preguntas y busca respuestas; y esas cuestiones son las de todo ser humano cabal, pero agravadas por un problema que trastoca todo: no puede morir. El tema de la inmortalidad es caro a todas las épocas y a todas las mitologías. Yo, algún día también ansié esa característica particular que, entre otras cosas tiene como cualidad más preciada que no puede darse, que jamás podrá existir. No es mi caso presente. Creo que aborrezco la posibilidad de la eternidad, sea cual sea su ámbito. La protagonista femenina es una niña que accede a la naturaleza vampírica con 10 ó 12 años y que comprueba que no puede crecer, que se mantiene con su cuerpo intacto y no puede hacer nada por remediarlo. Las necesidades que ambos personajes albergan son, creo, de lo más legítimas. Y, en cambio, hay gente que con gusto renunciaría a ellas, y de hecho en la película se observa cómo hay personas que ansían acceder a ese grado de perennidad tan aterradora.

La vida no es más que un devenir continuo, un tránsito, una vía. Su naturaleza fundamental radica ahí. Si se la desprovee de la capacidad de crecimiento y desarrollo y, sobre todo, de un final que dé reposo a todo lo recibido con anterioridad, la vida pierde, todavía más, su sentido, si es que puede poseer alguno. De tal modo, yo comprendo a estos dos jóvenes vampiros. Ansían morir y crecer, reposar y evolucionar, lo cual les está vedado por su esencia más íntima. ¡Qué contradicción! Quienes poseen algo, las más de las veces lo rechazan o lo consideran insuficiente. ¡Qué eterna sensación tan humana! Marco Aurelio y Séneca son cada vez más imprescindibles, más cercanos a mi mundo, a esta parcela que yo me he construido y me estoy construyendo mientras crezco, maduro y evoluciono, antes de que ese final inevitable dé reposo y paz a estos absurdos desvelos que, ellos sí, perdurarán eternamente.

(Del diario inédito Palimpsesto del dubio y la aoristia, entrada de 1 de Diciembre de 1995)

jueves, 6 de diciembre de 2018

EL SILENCIO NECESARIO QUE NOS OFRECE EL BOSQUE


La inmensa algarabía de los bosques habla en silencio, empapando de humedad los pensamientos y abrazando de paz la soledad que ansiamos. El verde lo inunda todo, y sobrepuja los ocres, envolviéndolos, anulándolos incluso. No se oye nada salvo la respiración propia, los latidos excitados por la inusual quietud. Es el aislamiento perfecto que tanto ansiamos.

Deberíamos explicarnos por qué no acudimos a él más a menudo. Tendríamos que respondernos por qué destruimos aquello que más necesitamos. O acaso no lo hagamos porque a estas alturas carecemos de la inteligencia necesaria para poder ver más allá de lo que suceda en nuestro más inmediato entorno, en nuestro más inmediato día a día. Tal vez no podamos o que no sepamos. Pero es muy posible que ya ni siquiera queramos.

Bosque en Mundaka (Vizcaya, País Vasco, España)
Julio, 2007 ----- Nikon D100

miércoles, 5 de diciembre de 2018

JUAN CARLOS I: ASCENSO, CAÍDA Y ¿REVITALIZACIÓN?

La historia la protagonizan los grupos sociales, bajo circunstancias concretas de cada período en particular, pero con el liderazgo inevitable de mentes individuales preclaras con la suficiente lucidez como para prever antes que los demás lo que conviene o para intentar evitar lo que a todas luces no conviene a la gran mayoría. Hay muchos nombres para ejemplificar esa frase. Pero hoy quisiera mencionar a uno que nos afecta de lleno: Juan Carlos I, rey de España desde finales de 1975 hasta 2014, y hoy rey emérito (curioso título que también le han puesto al papa dimisionario, y que trata de investirles, pienso, de un marchamo funcionarial que no creo que sea demasiado justo).

Ahora que se celebran los 40 años de la Constitución del 78 y que se viene hablando tanto de sus logros, de sus fallas y de la necesidad de reformarla en algunos puntos, no está de más recordar lo vergonzoso que me ha parecido comprobar que se generaba un debate sobre si convenía o no que Juan Carlos de Borbón asistiera en determinados actos públicos en compañía de Felipe VI, actual rey de España, por si la actual imagen del achacoso y rijoso padre podría perjudicar la de su saludable y gris hijo. Si se plantea dicho debate es por dos razones. La primera, que la opinión pública sobre su persona se ha visto trastocada y manchada por varios escándalos de difícil lavado. La segunda, que nuestros conciudadanos resultan muy movedizos en sus afectos, y poco agradecidos hacia quien le ofrece regalos, una vez que ya llevamos años disfrutándolos, olvidando quién nos los trajo, y lo que les supuso hacerlo.

Lo digo mucho en clase. Llevo años contándolo, y no está de más que ahora lo ponga por escrito. Juan Carlos I entró en la Historia por méritos propios, después de que casi nadie diera dos duros por él, y mientras había apuestas que especulaban cuánto tardaría en caer. Pero también comento, a continuación, que a este “dicharachero” y “campechano” monarca le sobraron bastantes años de su reinado y bastantes acciones que en un mundo como el nuestro dejan más huella que los méritos verdaderos. En una época en que vivimos rodeados de cámaras de fotos y de periodistas potenciales en cada usuario de móvil, que te vayas de cacería mayor invitado por indeseables tiranos, tengas amantes con potencial recorrido mediático, y se sospeche con cierto fundamento que has tenido influencia directa en determinadas corrupciones, es demasiado para cualquiera; y acaban pesando más los deméritos puntuales -y privados-, que los logros políticos de largo alcance. Por eso, cuando abdicó, había pasado ya el tiempo de hacerlo. Y se le pasó también la oportunidad de demostrar que el apego a un cargo que le vino regalado no era mayor que la que podía tener por su afición a las regatas.

Los españoles le debemos mucho a Juan Carlos I; más de lo que muchos piensan o creen. Pero sólo se lo reconocemos ya los que tenemos ciertas nociones básicas de nuestra historia reciente, o la memoria correctamente engrasada, o el cerebro exento de determinados prejuicios. Hoy, por contra, parece pesar más lo que muchos españoles le reprochan. Su popularidad, antaño imbatible, hoy no superaría cualquier encuesta entre la población. Es una injusticia, sí, pero acaso no lo sea. Y es algo que él podía haber previsto, de haber sido más inteligente y previsor.

Hoy olvidamos que este rey -colocado en el cargo por su valedor, Francisco Franco-, heredó al inicio de su mandato todos los poderes -todos- que el dictador detentaba. Aunque también se nos suele olvidar que sus maniobras políticas, algunas visibles y otras mucho menos, fueron encaminadas a devolver todos esos poderes iniciales a su legítimo dueño: el pueblo español. Ya sólo por eso merecería monumentos por todo lo ancho y largo de la geografía nacional. Pero su comportamiento personal, sobre todo el de su última etapa -período basura, claramente sobrante- le perseguirá para siempre. Aunque seguramente el tiempo modificará esa idea tan drástica. Después de su muerte, y con el paso de los años, los historiadores por un lado y los españoles por otro otorgaremos con seguridad un juicio menos presentista, más objetivo y más agradecido en definitiva. Es un suponer, claro. No habitamos en el país más agradecido del orbe.

martes, 4 de diciembre de 2018

DESTELLOS PREVIOS AL FINAL


Sólo la luz puede resaltar la vejez de las hojas que se resisten, heroicas, ante la inevitable muerte. Es ella quien transparenta la decrepitud de sus vasos y su creciente delgadez, proveniente de lo escaso del alimento que sus vasos le proporcionan. El final está cercano, y lo saben bien. Pero aliadas con la calidez de esos rayos matinales, las hojas producen unos postreros destellos, antesala épica de su caída próxima. El contraluz permite calibrar su figura lobulada, la diferente maduración de su deterioro, el contraste con los opulentos líquenes, impasibles ante un proceso que les resulta ajeno. Antes de caer, la luz de la mañana destaca las hojas de los robles, que nos hermosean la mirada, sin impedir que un punto de tristeza nos invada también, ante el ineludible simbolismo asociativo.

Vega de Espinareda (León, Castilla y León, España)
Diciembre, 2011 ----- Panasonic Lumix G6

lunes, 3 de diciembre de 2018

DIÁLOGO DE CAÍN Y ABEL (MICRORRELATO)

Caín adoraba a Abel, y era correspondido. Sólo amor exhalaban sus obras. Y cuando ofrecía a Dios sus sacrificios, era lo mejor de sus cosechas lo que entregaba al Supremo Hacedor. Éste, en cambio, prefería lo mejor de los rebaños de Abel, cuando hacía lo propio. Caín no entendía el trato de favor hacia su hermano, y ésa era una idea que lo torturaba. Una tarde, se lo comentó a Abel, el cual también había captado las preferencias divinas. 

—Yo tampoco lo entiendo, la verdad. Pero sí es cierto lo que dices.
—Acaso prefiera la carne al cereal y las verduras. 
—Sí, pero siendo Dios, eso debería darle igual, ¿no?
—Es verdad, no debería hacer distinciones, naciendo como nacen del mismo amor puro.
—Pienso lo mismo, Abel. 
—Deberíamos hacer algo, ¿no crees?
—Preguntárselo, por ejemplo.
—Pero tal vez se ofenda por ello. Los padres nunca reconocen las preferencias hacia sus hijos 
—Tienes razón. ¿Y qué tal si tú me cedes tus ganados y tú cultivas mis tierras? 
—Pero ¿qué dices, Caín? Yo no sé nada de la tierra, y tú no sabes nada de reses. ¿Qué locura es ésa?
—No estoy loco, no me llames loco.
—No te lo llamo, pero con esa propuesta, lo pareces.
—Te lo repito, no estoy loco, no me llames loco
—Pero si nadie te llamó loco, ya te lo digo. No insistas más.
—Pero vuelves a poner la palabra loco en tu boca, y no lo soporto, Abel, no lo soporto, de verdad...
—Vale, ya veo que vuelves a las andadas y no atiendes a razones. Pues si ésa es tu única sugerencia, creo que es de locos seguir por esa vía. Adiós, hermano.

Y Caín, cuando le dio la espalda, tomó una quijada de burro que allí se hallaba, y de un certero golpe lo mató. 

—Te dije repetidas veces que no estoy loco, que no me lo llamaras, pero tú insistes, insistes, y venga, y dale, y zumba, y vuelta y dale, y...

Del libro inédito Micrólogos, 2012

domingo, 2 de diciembre de 2018

EL DOMINIO PERMANENTE DEL ÓRGANO


Cuando entramos en las diferentes iglesias, resulta imposible sustraerse  a la contemplación del más grande de los instrumentos musicales, independientemente de sus proporciones (los hay monumentales y diminutos) o su ubicación (en cualquiera de sus naves o capillas). El órgano atrae la mirada de un modo inevitable. Y como siempre se halla en las alturas, uno ha de contemplarlo en posición de contrapicado, por lo que su presencia se nos impone con mayor rotundidad todavía.

Si tenemos la suerte de que algún clérigo o seglar estén practicando con él, entonces el gozo puede ser maravilloso, y notaremos cómo el tiempo se desplaza hacia un lado u otro de las notas, y perdemos cierta noción del momento, y caemos en la argucia que idearon quienes concibieron semejante estructura sonora.

El órgano es el instrumento eclesial por excelencia. El que los incluye a todos los demás. Y aunque no pueda reproducir a todos ellos con fidelidad, su sonido tonante, reconocible enseguida, nos atrapa y capta la atención auditiva, del mismo modo que el aroma a incienso lo asociamos al interior de las iglesias cristianas. El órgano es uno de los modos por los que el cristianismo, en sus diversas confesiones, ha pretendido conmover, atraer, promover, catequizar. 
Cualquiera que haya visto un concierto o un ensayo de órgano sabe de sobra que su manejo no es fácil. Un pianista avezado fracasaría como un novato ante su escalera de teclados manuales, a los que hay que añadir los que se accionan con los pies. El organista es el enciclopedista de los músicos. Su preparación debe ser constante y prolongada muchos años para lograr ser un instrumentista decente; no digamos ya para ser un fuera de serie, lo que acapararía toda su existencia, como le ha pasado a algunos de sus más conspicuos valedores, como Olivier Latry o Montserrat Torrent.

Desde su altura, todo lo domina. Desde su atalaya, el órgano domina el espacio de Dios tanto como el de los hombres. Pero aun si se encuentra callado (inacción, reparación o ruina) sin lanzar sus reconocibles notas por los centenares de tubos que pueblan su interior, su presencia es tan imponente que nos sobrecoge. Y nos empequeñece.


Órgano de la Colegiata de Sta. María la Mayor de Toro (Zamora, Castilla y León, España)
Abril, 2014 ----- Panasonic Lumix G6

sábado, 1 de diciembre de 2018

LAS IDEAS FALSAS DE ROZITCHNER (3)

"LA SOCIEDAD ESTÁ ENFERMA"

Convengámoslo: la mayoría lo piensa. Salvo los jóvenes, que sí que piensan, pero no en esas cosas. Mientras el móvil tenga batería y haya datos... Pero, sí, la mayoría piensa que todo está fatal y que el final cada vez se halla más cerca. Sin embargo, es una idea falsa, una falacia más de esas que decimos cuando no tenemos otra cosa que decir, pero estamos preocupados por los continuos disgustos que nos generan lo que nos cuentan o lo que vemos a diario. Olvidamos que disponemos de una idea muy parcial y escasa de la realidad, que tiene que ver con nuestras propias circunstancias y con quienes ostenten (o detenten) los diferentes poderes, que seleccionan lo que debemos tener en cuenta y lo que no. Si la idea de la vida que tenemos se basa única y exclusivamente en lo que vemos en los informativos televisados o en los diarios hablados, e incluso en la prensa más habitual, tendremos una imagen sesgada donde sólo tienen cabida crisis, guerras, crueldades, desigualdades, atropellos, ilegalidades, impunidades, corrupciones y demás sevicias. Y no es por llevar siempre el ascua a mi sardina habitual, pero quienes así hablan de continuo olvidan (o desconocen, más bien) la historia del ser humano.

Si dicen que la sociedad está enferma, ¿se colige de ello que puede estar sana? ¿Hay alguna sociedad que sea sana? Si está compuesta de humanos, tengo serias dudas, aunque pensemos en grupos o países avanzados de reconocido crédito para la convivencia. Por lo general, quienes así hablan y se expresan, sólo tienen ojos para lo malo, y olvidan todo lo bueno. Tal vez deberían leer más. O profundizar en la obra de Steven Pinker, como comentábamos en otra entrada hace unos días.

Entonces, si está claro que decir que la sociedad está enferma no merece ser considerada una afirmación objetiva, ¿qué esconde?, ¿qué implican esas cuatro palabras, expuestas con tanta rotundidad? Pues en primer lugar, expresa temor, y quien la proclama siente que no puede hacer nada frente al caos ingobernable de la realidad (o de su realidad), sin percatarse de que la vida normal es siempre excepción y no norma, es rara y difícil y no resulta predecible en sus líneas generales. Aparte que hay que vivir igualmente, se quiera o no. En segundo lugar, con dichas palabras rechazamos al mundo, que es "un asco". Pero si lo rechazamos, nos apartamos también, pues nosotros formamos parte de él, porque es el único que conocemos. En tercer lugar, parece una frase con la que uno queda como una persona mejor que la media: soy mejor que los que andan por ahí viviendo despreocupada e irresponsablemente. No obstante, quienes más hablan así, menos acciones realizan que mejoren ya no el mundo, sino su entorno más inmediato; es más, por lo general no hacen nada sino hablar. Por último es una idea con la que uno pone su enfermedad fuera, la rechaza, cuando muchas veces es el enfermo el que alza la voz y no tanto la sociedad acusada.

Por tanto, es una frase falsa que nos sostiene y nos ayuda en primera instancia, pero cuya falsedad queda enseguida manifiesta. Y si eso lo aplicamos a un país concreto como si fuera excepcional en sus problemas y males con respecto a los demás, entonces ya ni hablamos. Lo que sí podríamos decir es que deseamos que haya menos de determinadas cosas y más de otras, pero no porque la sociedad se halle herida de continuo: es porque las sociedades humanas son así, y siempre lo han sido, con diferentes grados e intensidades, pero siempre han resultado problemáticas, aun siendo el ser humano un ser que sólo es en tanto en cuanto pertenece a una sociedad.

Concluiremos, pues, que la sociedad no está enferma, que las sociedades son problemáticas, que la vida es difícil, y que sacaríamos más en limpio si en vez de generar mala baba aprendiéramos a tratar de mejorar los muchos problemas que se pueden solucionar, y buscar el modo de convivir lo mejor posible con aquellos que no pueden desaparecer, porque son parte de nuestra desgraciada esencia.

viernes, 30 de noviembre de 2018

DONDE LA INSPIRACIÓN SIEMPRE AFLORA




Cualquier excusa es buena para acercarse a un lugar que inspira siempre.

Auditorio Centro Cultural Niemeyer (Avilés, Asturias, España)
Noviembre, 2018 —— iPhone 8 Plus

jueves, 29 de noviembre de 2018

¿UNA IMAGEN MEJOR QUE MIL PALABRAS? VENGA YA

Me gustaría saber quién inventó el dislate de que una imagen vale más que mil palabras. Me gustaría saberlo para decirle unas cuantas palabras ofensivas, y enseñarle unas cuantas imágenes penosas que poderle ofrecer de alimento o de material con que limpiar sus posaderas.

Si bien es cierto que hay imágenes provenientes de fotografías o de películas o de informativos, cuyo impacto aún perdura en nuestro cerebro, y con cuya mención, los recuerdos y los simbolismos se desgranan de nuevo en el aire, y pensamos y recordamos y nos emocionamos de nuevo. Si bien es cierto que ya el siglo XX y el actual no se pueden ni pensar ni abordar sin el concurso de la fotografía, la televisión, el cine, el diseño gráfico, el vídeo. Si bien es cierto que la supremacía de la imagen en publicidad y las redes sociales, gracias entre otras cosas al omnipresente móvil, es absoluta. Si bien todo eso es verdad, el poder de la palabra oral o escrita es a mi juicio superior. Mi profesión me brinda los ejemplos.

Desde que comencé a dar clase en el 90, ha habido demasiadas leyes de educación, demasiados cambios tecnológicos a los que dichas leyes han atendido (a veces por defecto, otras con excesiva presencia), demasiados debates encendidos sobre las metodologías docentes. Pero yo, que asumí la fuerza de la informática desde el primer momento (mi primer contacto con un ordenador fue en ese año, en el Dpto. de Filosofía del IES Padre Isla de León), y pese a que la llevo usando de una manera exhaustiva y continuada desde entonces de un modo que no hizo sino crecer, pese a todo, considero que no hay tecnología que supere el don de la palabra y su fuerza persuasiva. Por mucho que yo entre en clase y les proyecte las imágenes más hermosas, crueles, impactantes, atractivas, desagradables, etc, así, sin más, lo único que lograré será una atención puntual sobre cada una de ella, en un breve espacio de tiempo. Cuando hubieran visto un par de docenas de ellas, aun las más espectaculares, si yo me mantuviese mudo sin decir nada, la mayoría perdería el interés al poco rato. En cambio, si yo entro en el aula visiblemente nervioso y les digo: "Las tropas estadounidenses acaban de invadir Irak, y se inicia una guerra que nadie sabe cómo nos va a afectar", hago una pausa larga, los miro a todos uno a uno, y les pregunto si quieren saber por qué estoy tan anormalmente nervioso, la mayoría diría que sí, y daría comienzo a una clase improvisada que tendría el trending topic del centro en esa semana. O, en otro ejemplo, si yo, no habiendo podido preparar la clase de ese día con ese grupo, llego y me siento en el pico de la mesa, como hace el Gran Wyoming, e improvisando les suelto: "¿Sabéis qué decía Einstein sobre sí mismo?", automáticamente 25 rostros se van a volver hacia mí, y preguntarán qué decía ese tipo (además, algunos preguntarán quién fue). Y yo les leería la siguiente cita: "No es que yo sea más inteligente. Es que me he enfrentado a los problemas durante más tiempo". Y, tras su desconcierto, les preguntaría lo que pensaban sobre si esas palabras reflejan la verdad o son una tontería más del genio alemán. Y, tras escucharles algunas intervenciones, podría largarles una disertación sobre los valores de la perseverancia, la motivación, el sentido de la vida y no sé cuántas cosas más. Puedo asegurar que en ambos momentos, con mi voz y el único apoyo -acaso prescindible- de una tiza, podría lograr la mayor de las atenciones que una imagen jamás alcanzaría. (Por cierto, ambos ejemplos ocurrieron de verdad).

Así que no me vengan con pamemas. Una imagen excelente puede ser mejor que mil palabras mal urdidas. Pero una imagen excelente jamás puede competir con mil palabras excelentes. Ahora bien, si unimos ambas excelencias, no habrá nada que las detenga. Por eso yo me ejercito a diario con ambas, a ver si alguna vez consigo esa excelencia que llevo persiguiendo más de medio siglo.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

ENVEJECIMIENTO ARTIFICIAL CON RESULTADO APARENTE


Imagen "postalera" envejecida, a partir de fuente digital moderna con "problemas". O cómo los programas de edición de fotografía pueden "levantar" fotos con errores de base.

Real Basílica de Covadonga (Asturias, España)
Diciembre, 2002 ----- Konica Minolta dImage 5

martes, 27 de noviembre de 2018

HITOS DE MI ESCALERA (32)

Durante toda mi existencia supe que había ganado un año a mi carrera particular por "situarme en la vida": el hecho de que cuando estaba en 1º EGB me pasaran a 2º me marcó para siempre, tanto para bien como para mal, como ya quedó dicho en estos Hitos. Lo que no sabía es que las circunstancias me iban a regalar otro año más, acaso para que sirviera de compensación por los sinsabores de ser siempre "el pequeño de la clase".

El 1 de octubre de 1982, con 19 añitos y medio llegó a casa una carta del Gobierno Militar de León, donde se me comunicaba la “exclusión total por enfermedad” en lo referente a mi incorporación al servicio militar. Con anterioridad, yo había solicitado dicha exclusión, alegando mi abundancia de dioptrías de miope, sobre todo en el ojo izquierdo, aunque nadie me había asegurado nada, porque todo eran rumores sobre el número considerado límite para el servicio. Pero al final, sí. Fue uno de las alegrías más grandes que recuerdo. No todos los días le regalan a uno un año de vida así como así. De modo que si las cosas no cambiaban y yo “no me torcía”, podía acabar la carrera con 22 años (un año antes que los demás), con el sobreañadido de que no tendría que perder otro año con la gilipollez innecesaria de la mili. Efectivamente, no me “torcí”, y me licencié cuando estaba previsto, con mucho tiempo de ventaja para lograr “situarme” (entrecomillo estas palabras, porque eran las preferidas de mi madre, cuando se refería a mi trayectoria). Con mucho tiempo para poder hacer muchas cosas, o ninguna. Aunque de eso ya nos ocuparemos más adelante.

Lo que yo no supe en aquel momento de inmensa felicidad es que la cosa no había sido tan automática. Ni tan legal. Porque si mi ojo izquierdo sí cumplía los requisitos que me libraban del horror militar, mi ojo derecho no alcanzaba el número de dioptrías que me considerarían cegatón para los menesteres bélicos; por lo que yo debí haberme incorporado a filas en tiempo y forma, cuando acabara mi prórroga por estudios. Pero lo que hizo que todo cambiara (y yo no supe en aquel momento fantástico) fue que mi padre había movido hilos por bambalinas con el capitán general que lideraba el Gobierno Militar, a quien él conocía por su trabajo de recaudador, y había logrado que el asunto colara. No lo supe hasta muchos, muchos años después; en realidad, estaba bien entrado en la cuarentena, cuando cruzando dos conversaciones, una con mi tío y otra con un amigo común, el asunto se reveló como ahora lo comunico yo aquí. Unas gestiones, unas horas de conversación, algún favor que devolver, y uno recibe como regalo de otoño un año de vida liberado de estúpidas obligaciones. Preguntado mi padre sobre el particular, y permaneciendo fiel a sus ideas y a su desapegado comportamiento, lo negó todo, no entró al trapo, y dio carpetazo al asunto.

Si tenemos en cuenta que mis relaciones con mi padre nunca fueron buenas, que en aquella aún eran peores, se entiende mal ese gesto. O se entiende muy bien, según como se mire. Porque, como me dice a menudo quien más me quiere: “Tu padre nunca te dijo que te quería, vale, nunca se ocupó mucho de ti, vale, pero gestos como ése eran la forma que tenía él de decirte todo lo que le importabas”. Porque sí, hubo más gestos, que comentaremos en este foro. Con el tiempo, acabé entendiendo. No me quedó otra. Y, sí, tal vez no pueda quererlo del modo sencillo y natural con que un hijo quiere a un padre. Pero yo casi nunca olvidé nada de cuanto de bueno se me haya hecho. Y casi ssiempre fui muy agradecido. Y casi seguro que continuaré siéndolo.

lunes, 26 de noviembre de 2018

...QUE ES EL MORIR


¿Por qué contemplamos esta barca varada en la arena, hundida por completo, rellena de arena, agua y salitre, y pensamos en la muerte? Porque es un motivo común, una de esas imágenes que nos ayudan a simbolizar algo de lo que no nos gusta mucho hablar. Todo aquello que está viejo, inservible, destruido por la galerna, la herrumbre o el olvido, nos recuerda que tendremos un fin. El hecho de ser los únicos animales conscientes de tal finitud nos ha llenado de zozobras recurrentes, de preguntas imposibles, de paradojas inexplicables y de religiones aprovechadas.

Esta barca un día navegó cercana a la costa proporcionando pesca a sus propietarios, acaso divertimento a sus hijos, transporte algunas veces. Pero un mal día el mar enfurecido la devastó, pese a encontrarse en una playa del interior de una ría, suficientemente protegida. La privó de sus funciones para siempre. Como trasunto más perfecto aún, si cabe, la entierra en la arena, añadiendo el simbolismo de una tumba a su alargada figura. Pero brilla el cielo, en su interior hay un poco de agua tibia, donde se refleja la luz de un día maravilloso, y de su cadáver brota una sensación de gozo inexplicable. Ésa es también otra paradoja que no podremos explicar.

Playa de Cabanas (La Coruña, Galicia, España)
Diciembre, 2014 ----- iPhone 6 Plus

domingo, 25 de noviembre de 2018

LAS IDEAS FALSAS DE ROZITCHNER (2)

Como anticipé, ahí relaciono las ideas falsas que trata el libro de Rozitchner. No pondré las 41, pues no me interesan todas ellas, pero sí las suficientes como para que acaben dando buen juego en alguna ocasión que iré desgranando poco a poco. Ahí van
  1. La sociedad está enferma
  2. Los valores se han perdido
  3. Pensar es complicarse demasiado
  4. El sistema me oprime, no me deja ser libre
  5. El voto en blanco es un mensaje a la clase política
  6. Los que se la juegan terminan mal
  7. Todos los que tienen dinero son unos hijos de puta
  8. Nadie me entiende
  9. Todo es política
  10. Me deprimo porque soy muy sensible
  11. Ser feliz es que nadie te moleste
  12. La vida moderna es rutinaria y acelerada
  13. No puedo hacer nada
  14. Las mujeres son más sensibles que los hombres
  15. Todo tiempo pasado fue mejor
  16. El problema son los otros
  17. La convivencia es muy difícil
  18. Yo no pedí nacer
  19. Estudiar es inútil
  20. El poder es malo
  21. A los demás todo les sale bien y a mí no
  22. Las apariencias engañan
  23. Ser de izquierdas es bueno y ser de derechas es malo
  24. La mentira tiene las patas cortas
  25. La ambición es mala
  26. La felicidad no existe
Seguro que ya habéis establecido alguna jerarquía sobre ellas, y las que más juego podría darnos en un debate bien regado de licores espiritosos o infusiones calientes.

sábado, 24 de noviembre de 2018

MASAJE SENSUAL


Es posible que a las mentes más calenturientas la presente imagen les suscite pensamientos libidinosos de diversa índole (o acaso de repulsa), amparándose en la no improbable hipótesis de que las dos mujeres fueran lesbianas. Pero debemos aclarar desde ya que no, que no lo eran (y lo supe de un modo fidedigno, porque luego llegaron sus respectivas parejas masculinas, a quienes ellas aguardaban en ese recodo del jardín). No habría pasado nada si así hubiera sido, y si lo aclaro es sólo para que nos centremos en la actitud, en las formas, en la situación.

Las dos se hallaban tumbadas en la hierba. Se habían despojado de algunas prendas, y, sobre todo, se habían descalzado, cosa que era una de las delicias que los visitantes podíamos hacer en ese maravilloso lugar, hoy lamentablemente cerrado, que era el Museo Chillida-Leku. Estaban tumbadas, pero de pronto la más joven se levantó y efectuó con el tronco unos movimientos a un lado y al otro, como si tratara de desentumecerse. Estiró también los brazos, pero parecía que le dolía la cabeza. En esto, la amiga mayor se levantó, y sin mediar palabra se colocó a su espalda, le susurró algo al oído, y procedió a efectuarle por el cuello, los hombros y la parte superior de la espalda, uno de los masajes más sensuales que uno pueda memorar. Recuerdo que hasta mi pareja acabó percatándose de la acción, y que la comentamos. Yo, además, como casi siempre, aproveché para captar para siempre el delicioso momento.

A tenor de la mirada agradecida que la joven dedicó a su improvisada masajista, la acción de aquellos dedos mágicos sobre la piel y los músculos había sido proverbial, y la sonrisa que se instaló en su rostro desde entonces no dejaba lugar a dudas de que el dolor de cabeza (o de lo que fuese) se había volatilizado en pocos minutos. De ese modo, la delicia de la hierba fresca bajo los pies, el delicado sol estival de primera hora de la mañana, y la crudeza imponente de aquellas esculturas de acero cortén, se conjugaron para que aquel ratito de descanso se convirtiera en algo fantástico, que sobrepujó el recuerdo de muchos otros, acaso más importantes, pero sin duda no tan gratos a la  vista.

Robado en los jardines del Museo Chillida-Leku, cerca de Hernani (Guipúzcoa, País Vasco, España)
Julio, 2001 ----- Nikon f-601

viernes, 23 de noviembre de 2018

UN PUÑADO DE IDEAS Y FRASES FALSAS (1)

Hay libros para todo, hay que convenir. Y cuando digo para todo, ha de entenderse en un plano literal. El otro día, revolviendo entre algunos comprados hace tiempo (pero aparcados con rapidez ante una nueva remesa posterior) recalo en uno que debí comprar en algún momento de síndrome de abstinencia, vulgo mono, de un tal Alejandro Rozitchner, de nacionalidad inevitablemente argentina, cuyo título reza así: Ideas falsas. Moral para gente que quiere vivir. Ante  un título así, o te conviertes a la nueva secta de inmediato, o quemas el libro en una pira. Yo opté por una vía intermedia: me compré el libro de baratillo. Luego, procedí a un meticuloso olvido y hoy ha llegado a mis manos de nuevo, en trayectoria circular.

Lo sorprendente del caso es que después de volverme a sentir impactado por el título, lo abrí por el índice, y ahí las cosas ya cambiaron. Lo que hace el interfecto es tomar un ramillete de ideas o frases tópicas, del acervo común, a las que él tacha de falsas, y a las que luego disecciona de forma individual para demostrar así que el binomio que da título al libro tiene justificación. Son 41, en concreto. Ignoro el porqué de dicho guarismo, que ni es redondo, ni significa nada de primera mano. Pero, sí, son 41. La primera es “La sociedad está enferma”, y la última es “La felicidad no existe”. Las nombro para que se calibre el panorama que se nos presenta. 

Ahora lo gracioso del asunto pasa a ser de mi responsabilidad. Anonadado por la lista de las 41 frases que hay que desmontar, me decido a emular al “escritor y filósofo argentino”, e incorporar unas cuantas de ellas a este heterogéneo blog, para darme pábulo a mí a comentar cosas de la vida, del amor y de la muerte (Yourcenar dixit), en los casos y días en que el magín no me dé carburante suficiente para acometer esta ímproba tarea a que me someto casi a diario. De modo que avisado queda el personal. Las ideas falsas que nos proponga el señor Rozichner serán sometidas en breve a juicio, debate y disección, a poco que el tiempo lo permita. Al climatológico, me refiero.

jueves, 22 de noviembre de 2018

LAS RUINAS, REFLEJO DE VIDA, ESPEJO DE MUERTE


Ante las ruinas, se despierta la memoria. La contemplación de nuestro futuro, anticipado siglos.  Los fustes aún erguidos nos señalan la esperanza. Pero los tambores derribados del templo nos indican lo que seremos de cierto, al final. Un juego de tiempos entremezclados, en el que perdemos siempre. Por ello, por saber el resultado final, es por lo que un paseo por entre unas ruinas reflejará lo que nuestro estado de ánimo marque en ese instante. Bien una antesala de la muerte. Bien un éxtasis por un logro tanto tiempo ansiado. Bien una melancólica imagen retrospectiva. O bien una anticipación de lo por venir. Ante las ruinas, nos convertimos en lo que somos en verdad, sin engaños ni ataduras. Por eso respirar su aire nos instila vida, nos anticipa muerte. Nos edulcora de humanidad, nos envenena con lo inevitable.


Templo de Heracles, Valle de los Templos (Agrigento, Sicilia, Italia)
Abril, 2018 ----- Nikon D500

miércoles, 21 de noviembre de 2018

EL OPTIMISMO IRRENUNCIABLE DE STEVEN PINKER

Steven Pinker es delgado, fibroso, melenudo, lenguaraz. Es también filósofo cognitivo, brillante e influyente. Del mismo modo le caben los calificativos de provocador y de optimista irredento. Él, en cambio, rechaza este último término para sustituirlo por el de posibilista serio. De lo que no cabe duda es de que cada libro que entrega, las entrevistas se le multiplican, y su cara termina apareciendo en revistas, suplementos, hasta en algún programa de televisión. Si ha resultado tan proclive a la fama es porque dice lo contrario de lo que la gente piensa. Es decir, casi todo el mundo afirma que el mundo es una mierda en brocheta de palo, mientras que él pugna por mostrarnos la cantidad de bondades que hemos ido acumulando a lo largo de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Contrariamente a lo que pudiera parecer, no obvia los problemas a los que el mundo se enfrenta. Es sólo que le da muchísima más importancia y peso a los logros obtenidos, al progreso experimentado por la humanidad desde mediados del s. XX, que a las lacras que nos acechan por multitud de frentes. Pinker es un racionalista contumaz, un ilustrado convencido, hasta el punto de que su último libro se titula precisamente así: En defensa de la Ilustración. Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. Así de sencillo. Lo publica Paidós, para quien quiera echarle el guante. Eso sí, son 576 páginas, en canal.

No sabemos si la razón le asiste en todo cuanto plantea. Pero sí que es verdad algo que afirma enseguida: "Los ideales de razón, ciencia y humanismo necesitan ser defendidos ahora más que nunca, porque sus logros pueden venirse abajo". En nuestros tiempos ese ataque proveniente de los hartazgos ciudadanos y de los auges de los populismos de diversa naturaleza, pueden tener consecuencias terribles. Sin embargo, él afirma sin que le tiemble el pulso que el progreso no es algo subjetivo, sino que depende de magnitudes (esperanza de vida, abundancia/pobreza, salud/enfermedad, seguridad/peligro, conocimiento/ignorancia) que se pueden medir en su evolución a lo largo de los años, y a cuyo incremento llamamos progreso. Y él sostiene que el mundo actual es un lugar mejor, y que los mercados globales ayudan a ello. Sin embargo, cuando es cuestionado por la contradicción entre ese panorama positivo y el ascenso del populismo, y se le pregunta por las causas de dicho ascenso, confiesa que "nadie lo sabe con certeza", pero que hay una serie de variables que interactúan y que lo posibilitan cada vez con más fuerza. Entre ellas, menciona la Gran Recesión, el aumento de las corrientes migratorias desde los países pobres a los ricos, el incremento del terrorismo yihadista, con la exageración de sus peligros. El resultado es que el miedo y el prejuicio se instalan en la mente de los ciudadanos, y es muy difícil desembarazarse de ellos. Eso sí, cuando habla de la ideología de los populistas, los destroza sin piedad: "Tienen en común una mentalidad tribal, la misma que conduce al nacionalismo y al autoritarismo. Sienten hostilidad hacia las instituciones, buscan un líder natural que exprese la pureza y la verdad de la tribu. Les cuesta aceptar la idea democrática e ilustrada de que el gobernante es un custodio temporal del poder sometido a deberes y limitaciones". Aun así, manifiesta su optimismo afirmando que los populismos no ganarán en su pulso con las instituciones, pues "los avances son muy difíciles de revertir".

Lo cierto es que nada me gustaría más que creerle a pies juntillas, pero me da que este brillante autor deja de lado los conocimientos de Historia que seguro que conoce, y no contempla precisamente que muchos avances sí se pueden revertir, como el s. XX se encargó de demostrar en dos devastadoras ocasiones. Además, la velocidad de los cambios a que se ve sometido el planeta con las nuevas tecnologías hace sea muy poco predecible cuál será su evolución. La Historia nos enseña muchas cosas, y una de ellas es que nunca se repite con exactitud. Nuestro mundo es el mismo que hace cien años, pero no es el mismo que hace cien años. Y quien quiera entender, que entienda.

Pd/ Los entrecomillados son de una entrevista que le efectúa Jan Martínez Ahrens en El País semanal, de 17-VI-2018

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