martes, 20 de mayo de 2008

Fragmentación encadenada


Mientras hablábamos, fuimos notando que se apartaba de nuestro contacto, que nuestras palabras le sonaban lejanas, que el mundo que construíamos al reencontrarnos no existía para él. Y poco a poco sus ojos se cerraron y sus manos empezaron a teclear con insistencia sobre el reposabrazos y también sobre sus rodillas. Nos dimos cuenta, y bajamos la intensidad de la charla, pero nos dio la impresión de que él no percibió cambio alguno. Siguió con los ojos cerrados un buen rato, mientras interpretaba alguna melodía en su mente y sus dedos le daban adecuado contrapunto. En un momento dado, se levantó y salió de la habitación. Iba como sonámbulo, casi en estado de trance. Fue a su estudio, se sentó ante el piano, y de repente sucedió algo extraordinario. En breves lapsos de diez o doce segundos fue recorriendo acordes, todos mezclados, de obras diversas de Schubert, Mozart, Beethoven, Listz, Rachmaninoff, Chopin y muchos más, en un recorrido imposible, frenético, delirante. En los casi 15 minutos que duró su arrebato, no supimos qué decir. Por nuestro pensamiento pasó su virtuosismo, su fragmentariedad mental, su ciclotimia, también su locura. Al final, quedó sentado sobre el banco, con las manos caídas, echadas hacia atrás, y la cabeza colgando hacia adelante. Sudaba y respiraba ruidosamente. "Podría ser una obra mía", dijo. "Pero no lo es, no -prosiguió-. Aun con esta forma, no lo es, y no lo será nunca". Y después se levantó, dio un portazo y se marchó.

4 comentarios:

Frabisa dijo...

Siempre admiraré esa pasión que demuestran algunos músicos cuando tocan el piano.

La imagen lo dice todo, esos dedos en pleno movimiento tan bien captados traspasan la fotografía y nos permiten oír sus acordes rítmicos y enajenados.

Maravillosa foto y fantástico relato.


Un beso

Belén dijo...

A veces la genialidad viene así, a borbotones, y no te queda otra cosa que callar....

Besicos

Alu dijo...

Claro que es una obra suya, la ha hecho suya y ha hecho del momento uno inolvidable e intenso.

Besos!

Mármara dijo...

Me pasa, a veces, cuando leo algo que me fascina, que pienso, "Podría haberlo escrito yo", pero no lo he escrito, y no lo escribiré jamás.

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