sábado, 8 de marzo de 2008

Mendicidad recurrente


Llevo pidiendo durante muchos años ya. Mi cuerpo se dobla con la edad y las sucesivas negaciones que he recibido. Ya no me aguanto de pie. He recorrido todas las esquinas de la ciudad. He malvivido, he soportado demasiadas cosas de los hombres, de las mujeres, de los niños. Con todo, he seguido pidiendo porque nunca he sabido hacer otra cosa. Pero ahora me han trasladado enfrente de este banco. Aquí llevo ya tres días, y nadie me ha puesto una sola moneda en la mano. Sigo pidiendo, pero es inútil. Ya sólo puedo aspirar a pedir una cosa más: mi traslado inmediato a un barrio pobre. Allí me entenderán mejor. Me darán algo, seguro. Y si no, al menos serviré de diversión a quien de mí se ría. Todo, antes que la frialdad de este desprecio, de este ver pasar el tiempo sin esperanza, de este terrible contraste entre lo que ellos tienen y lo que yo demando. Mientras, aguardo, y continúo pidiendo.

6 comentarios:

Frabisa dijo...

Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, me rechifla esta escultura, tiene una fuerza impresionante. Estaba en León ¿verdad? No sé que habrá pasado, la vi hace algunos años y hace unas semanas volví al mismo lugar y el sitio estaba vacío, supongo que se la habrán llevado a restaurar, espero que la devuelvan.

El relato no podía tener otro tono, esa mano abierta, ese cuerpo desencajado, ese hastío y ese cansancio que ofrece está narrado magníficamente bien.

Hoy puntúo diez a la foto y otros tantos al relato. Un beso.

P.D. Imprescindible ampliar la foto, gana lo indecible.

Anónimo dijo...

Me hizo recordar a Joseph Merrik y Vicente Batistessa, pensé que tenía el Síndrome de Proteus.
Todo el que quiera conocer el futuro debía retenerlo y no soltarlo cuando adquiría apariencias horribles, es posible que tu escultura esté a la espera de Menelao y en su lucha consiga recuperar su apariencia habitual y no tenga que seguir mendigando.
Me gusta, todo.

Belén dijo...

La perseverancia y la paciencia hacen que alguien ponga una moneda en tu mano, no desesperes...

espectacular

Besos

Natacha dijo...

Los más ricos son los que menos dan... o los que menos dan... son más ricos, por eso precisamente.
Poder en el bolsillo, corazón vacío.
Suele pasar que cuando tienes tus necesidades vitales super-cubiertas, te olvidas de darle de comer al corazón.
Un beso, amigo.
Natacha.

Sibyla dijo...

He ampliado la foto, como recomienda Frabisa, y es mucho más espectacular su expresión desvalida, en contraste con la corpulencia de su figura.

Así es...la frialdad de los ricos!
La empatía en sus corazones, es difícil de esperar.

Besines:)

Anónimo dijo...

El QUÉ NADA QUIERE DAR,NADA PUEDE ESPERAR.Quizás tenga mejor acogida en un barrio pobre porque quien menos tiene es él qué a veces sabe compartir, valorar y transmite calor humano en contraste a la frialdad y egoismo de la gente pudiente.M.T.

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