martes, 25 de marzo de 2008

El filibustero Bixintxo, vasco


Ser miope, es lo que tiene, que no se ve mucho; en cambio, permite oír de maravilla. Y en el campo, más. Así, mientras caminaba con despreocupación de jubilado, oí un ruido intermitente, como de lamento. Levanté la cabeza, y no vi más de lo que había estado viendo en aquella estepa por la que me hallaba: cantuesos, tojos, lavanda, tomillo, y algunos carrascos diseminados; todo ello, salpicado de formaciones de caliza que brotaban aquí y allá. Pero, al acercarme, el sonido se hizo más fuerte, y resultó proceder de un gran bloque de piedra, que ¡hablaba! La historia que oí me pareció increíble, plena de una imaginación calenturienta o enferma. Contaba que era un pirata vasco que había sido ignominiosamente convertido en piedra por una mala mujer a la que amó, pero que no le perdonó su mayor querencia por los abordajes a barcos que a los de su cama; que se trataba del famoso y temido filibustero Bixintxo (aunque confesó también que de pequeño se llamaba Andoni, pero que ese nombre no pegaba con sus quehaceres violentos y a menudo sanguinarios); que su seña de identidad había sido no el habitual pañuelo pirata, sino una txapela, como mandaban los cánones de su tierra, convenientemente adaptada; que había perdido un ojo, una mano y media pierna, pero que aún tenía más arrestos que nadie para enfrentarse a cualquiera, aun con parche, garfio y patapalo; que había llegado a nadar en oro, aunque aquella mujer cruel le acabó arruinando la vida para siempre; y más cosas de semejante calibre. Yo no me dejo engatusar fácilmente, y decidí marcharme, pero cuando me alejaba me dio por mirar el bloque de caliza desde un punto determinado, y entonces, aun con mis gafas de culo de vaso, lo vi. Lo vi con esa claridad con que vemos todo lo cercano. Me acerqué y trabé de nuevo contacto con él. De repente, todo cobró su sentido. Aquello ya no fue un monólogo desesperado, sino una conversación en toda regla: la primera de muchas, hasta hoy. Su voz nunca más me pareció un lamento.

5 comentarios:

Belén dijo...

Cuando del monólogo damos paso a la contestación, el lamento se convierte en alegría :)

Besos

Frabisa dijo...

Realmente después de fijarme mucho, también yo vi esa cara esculpida en la caliza. Muy bueno el relato.
Un beso

Lyra dijo...

Me ha gustado. Me ha recordado a un libro que se llama "El país pequeño" en el que se entremezclan historias parecidas con la realidad. Respecto a la foto, porque Fabrisa dijo que había encontrado la cara que si no...

Mármara dijo...

Sólo después de esta segunda visita me he fijado en la cara del home. ¡Me encanta! La foto y el texto.
Aun a costa de ser reiterativa, qué bien te han sentado las vacaciones, jodío.

Anónimo dijo...

Cómo un lamento?Es lo mejor qué le pudo pasar esa mujer lo convirtió en piedra para salvar lo qué quedaba sano de él,sin ojo(porqué en tu foto se le ve el lado bueno),sin mano,sin pierna.¿Qué más iba a esperar?M.T.

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