viernes, 25 de abril de 2008

Árbol cansado y humillado


Aquel arce tuvo un comienzo dificultoso, oblicuo, desencaminado, y por aquel entonces, no hubo quien corrigiera su rumbo atípico e insolente. Pronto se vio que de aquel árbol se sacaría poco porque, con una edad ya respetable, aunque aún en plena juventud madura pegó un gran cambio que sorprendió a todos por su audacia, su riesgo contra la propia gravedad, aunque nadie le pudo discutir su personalísima vía de crecimiento. Durante años, cuando todavía su tronco leñoso y creciente poseía suficiente vigor, fue el ejemplar más conocido del parque, todos hablaban de él, unos con desprecio, otros con admiración, sin dejar indiferente a nadie. Pero la vejez fue endureciendo los vasos y dificultando cada primavera el momento en que sus yemas brotaran y una nueva generación de hojas y frutos diera su año por bueno. Muy pronto, su envergadura se acercaba a un peso mayor que la resistencia que sus raíces podían ofrecer. Aquel arce se derrumbaría en cualquier momento, y nadie podría evitar que la selección natural castigara su anticonvencional crecimiento, alejado de la cordura y lo ortodoxo. Sin embargo, un concejal avispado, sin conocimiento alguno de botánica ni de darwinismo, pero con mucho control sobre los medios de comunicación, entrevió un remedio. Arrepentido y humillado, el arce se quiso morir de vergüenza. Pero desde entonces, lo mismo que le sostiene en pie, le recuerda cada día su pasado, su decrepitud, su dependencia.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Vaya!Un árbol con mucha personalidad y carácter,él se empeñó en crecer retorcido, no mirando al cielo sino al estanque de su izquierda,quizás buscaba compañia y le daba igual lo qué la gente pensara.
Se hizo viejo le salió joroba y está apuntalado pero él vivió como quiso.M.T.

Sibyla dijo...

Tal vez no le colocaron un palito de guía cuando todavía era tierno y estaba creciendo...

Me recuerda a la torre de Pissa

Besines:)

Frabisa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Frabisa dijo...

Pues a mí, me encanta.

Ampliar la foto es disfrutar de toda la inmensidad de este árbol que a pesar de su aspecto, nada hace presagiar una muerte cercana.

Siempre he oído que si un árbol nace torcido, nada conseguirá enderezarlo. ESta metáfora, tantas veces extrapolada a los seres humanos, no es del todo cierta si nos atenemos a tu relato.

Originalísima la foto y muy acorde el relato.
Enhorabuena.

Un besito

Mármara dijo...

Me ha recordado una frase que aprendí de pequeña, de una de mis tías favoritas, y que repetía a la menor ocasión, sobre todo cuando alguno de mis hermanos hacía una trastada y mi madre los ponía en su sitio con su acostumbrada contundencia: "El arbolito, desde chiquitito".

Alu dijo...

Vaya foto más chula! Me encantan los arces!

Nome Digas dijo...

Hola. El mundo es más pequeño de lo que parece. En algún momento hemos tenido delante de la cámara el mismo motivo. Lo que son las cosas. Mi árbol con bastón está en una entrada de enero, titulada Parque san Francisco.

Vengo por aqui de vez en cuando para hacer la lectura de esos magníficos textos.

Un saludo

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