lunes, 21 de abril de 2008

Helena, doliente

Cuando Helena comprobó los efectos que su belleza hubo provocado en los hombres que conoció, deseó no haber nacido. Pero como ni apelando a los dioses podía retrotraer la Historia, quiso influir en el presente y aun el futuro, con una acción decisiva. Para ello, se preparó a conciencia, maquillando su rostro con polvos aromáticos de la tierra egipcia, ungiéndose con aceite focense y con mirra de la Bactriana; por último aromatizó su pelo con esencias traídas de la lejana Cólquide, donde antaño Jasón recalara. Se contempló en el espejo sin ropa alguna, y su hermosura le fue devuelta por una imagen arrebatadora. Tuvo la impresión de que aquellas formas no podían ser tan seductoras, como para que miles de hombres estuvieran muriendo por ella. Y, sin embargo, lo eran en tan alto grado, que dos naciones poderosas se estaban batiendo por ella como excusa (¿qué podría saber en su ignorancia de los planes del ambicioso Agamenón?). Decidida a acabar con todo de una vez para que aquella guerra eterna cesase, propuso a los contendientes inmolarse en un ara bendecida por divinidades comunes, y que el conflicto terminara con la recogida mutua de los cuerpos caídos, y el establecimiento de una nueva alianza entre helenos y teucros. Sorprendida, comprobó que ambas partes rechazaron su oferta, para lo que cada bando adujo razones distintas. Plena de impotencia, se sumergió en la tristeza y asumió sin rebelarse el destino que le fue asignado. Después lloró con desconsuelo. Lloró por Paris, lloró por su marido, por todos. También por ella. Pero sobre todo lloró por la invicta Ilión, que caería al poco en manos de sus enemigos, tan familiares, para conjurar también su propio destino.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

La mayoria de las personas de aquellos tiempos, al igual qué las de ahora ,luchamos y casi matamos por aparentar,poseer(belleza,dinero
poder).Es una pena porqué a veces tenemos cosas,personas..tan al alcance de la mano, tan cercanas qué no sabemos valorar ni ver hasta qué las perdemos o las ignoramos.

La belleza no es eterna.
Seamos bellos por dentro.M.T.

Lyra dijo...

Adoro a Helena de Troya aunque fuera una egoísta altanera (y en la película de Troya no muestre ni la mitad de su poder si no que sea una cutre total). Pero la pobre tardó en darse cuenta de que siempre hay más razones que la simple venganza. Siempre hay algo que viene de más atrás. Un beso!

Y, una cosita: has recibido el premio Weblog 2008! Pasate por mi blog! (K)

Javier Pellicer dijo...

para esto sirven estos premios-cadena, para conocer nuevos blogs y hacer más amigos.
Interesante tu espacio, me ha encantado especialmente la del niño rico, considero más meritorio (y complicado) hacer reír que hacer llorar.
En cuanto a Helena de Troya... bueno, a los griegos digamos que les iban las tragedias, y menuda la de esta mujer...
un saludo desde Tierra de Bardos!!!

Sibyla dijo...

A veces no podemos luchar contra el destino...
Es entonces, cuando sólo nos queda unirnos a él!

Preciosa narración!

Besines:)

Alu dijo...

La guerra de Troya...un mito fantástico sin duda. Una cosa, pásate por mi blog que hay un regalo para ti.

Mármara dijo...

Cada día que pasa me convenzo más de que los juegos a los que los hombres (masculino y plural) dedican sus energías nada tienen que ver con la otra mitad de la Humanidad. Y que, por mucho que intentemos comprender sus motivaciones, jamás podremos llegar a entenderlas. Como le pasa a la Helena de tu relato.

Laura dijo...

Hola!

Me ha gustado muchísimo la foto. Porfa: ¿de quién es la escultura, o dónde está?

:-)

Hasta pronto,

Laura (visitante vía google)

Eduardo Arias Rábanos dijo...

Para Laura: Gracias por tus palabras. La escultura se encuentra en la plaza Longoria Carbajal, de Oviedo, Asturias, España, presidiendo una gran fuente que se encuentra a sus espaldas. Un saludo

Laura dijo...

Muchas gracias, Eduardo.

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