lunes, 11 de febrero de 2008

Vía hacia los cielos


Al llegar a la capilla, algo se tornó inestable en mi interior. Un torbellino de sensaciones fueron surgiendo a medida que mis ojos recorrían el pequeño recinto. La mirada fue dirigida por los nervios de la crucería hacia la clave de bóveda, de una sencillez sobrecogedora. Mi fe siempre fue indudable, pero ahora sentía que me elevaba, que me transportaba a las alturas celestiales. Deseaba reunirme con Dios, ansiaba su compañía... cuando una escalera brillantísima apareció en el centro e iluminó la estancia con su radiante pureza. ¡Me ha oído! ¡Es la señal! Eso pensé. Y, sí, en efecto lo era. Pero la escalera no era divina, sino humana; no era de luz, sino de madera; no conducía al cielo, sino hasta un poco más abajo del techo; y no era recta, sino quebrada y decreciente. Temblé, dudé, y en la duda se resolvió todo. La costalada fue de impresión, y para castigar mi tibieza, mis vértebras sufrieron una revelación: la gran cantidad de fisuras que las recorren desde entonces. Quedé muy resentido, en el cuerpo, en mi alma y en mi fe. Sobre todo en mi fe, claro, porque después de ir a Lourdes, a Fátima y a Torreciudad, aún continúo en silla de ruedas.

4 comentarios:

Frabisa dijo...

Recupero la inspiración y me derrito ante esta imagen.

Hay muchos elementos que contiene que me fascinan; la bóveda de crucería, el característico gris de la piedra, elementos arqueológicos y en medio, adueñándose de la imagen, esa escalera de blanco inmaculado y formas sinuosas, como fuera de lugar.

Fantástica foto.

Una cuando se adentra en esos recintos sacrosantos, con esa luz tenue, y ese olor tan especial que proporciona la piedra y el incienso, querría recobrar la fe y volver a creer con intensidad.

El relato me encantó mientras me hizo soñar, así que omito el final y me quedo más contenta. Un beso

Anónimo dijo...

Rara y retorcida la escalerita en medio de algo tan perfecto. Quizás no captaste bien el mensaje,esa costalada,qué te dejó secuelas deberia servir para qué reflexiones,medites y qué tu fé no decaiga.Ya sabes los caminos o escaleras de Dios son inescrutables. Pero bueno mientras te aclaras lo mejor acude a tu fisioterapeuta y cuidate la espalda.M.T.

Anónimo dijo...

Me pareció muy simpática la foto. La escalera, por lo retorcida, perfecta para ese lugar. El relato al principio no me decía gran cosa, pero el toque final me hizo reír bastante. Las secuelas físicas mejor tratarlas con el especialista. Normal abandonar la fe después del castañazo.
Como nunca la tuve (imposible perderla) el pensar que pudiera existir un castigo (por determinadas conductas) más allá de la muerte me resultaba abominable.
Así que decidí ser confiante en lugar de creyente.

Lyra dijo...

Coincido con tu anónimo en todo. Muy gracioso el final del relato y real como la vida misma. Claro que sería un poco trágico que para despertar de su fe irreal todos tuvieran que quedarse en silla de ruedas. Un besazo!

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