jueves, 21 de febrero de 2008

Resplandor


Cuando miraron hacia el bosque, el brillo que coronaba los árboles y el poderoso contraluz, indicó a los lugareños que algo extraordinario había tenido lugar; pero inmersos como estaban en plenas fiestas locales, nadie quiso saber nada de momento. Al día siguiente, en plena resaca de los excesos festivos, todos pudieron ir comprobando que aquel resplandor seguía allí, y que no podían dejar de mirarlo, y que los atraía de un modo irremediable, como atrapados por una fuerza superior. Con la lasitud en los cuerpos y la curiosidad en las mentes, atrapados por aquella atracción irresistible, aquellas gentes se contemplaron dirigiéndose hacia el bosque: primero, los más jóvenes y atrevidos, luego los maduros, que llevaban a sus hijos; al final, los viejos. Todos salieron del pueblo y encaminaron sus pasos hacia la parte posterior del bosque, donde aquella luz competía con los brillos del alba. Tiempo después, cuando se elaboraron crónicas locales sobre lo sucedido, alguien escribió que aquella última peregrinación conjunta se había realizado bajo el conjuro de una repetitiva y subyugante música. Aunque nadie regresó nunca y no existían pruebas que lo confirmaran, curiosamente esa versión acabó dándose por buena en aquella región alemana de la Baja Sajonia.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

La atracción… todos la hemos sentido por “algo”, en ocasiones, sin saber muy bien la razón.
Debe haber un patrón “inconsciente”, camuflado, intrínseco; que nos hace sentir esa necesidad de acercamiento, ese magnetismo que, puede ir más allá de la lucidez.
En esta ocasión me gusta la fotografía tanto como el relato.

Belén dijo...

A veces la naturaleza te da los mejores diseños de iluminación verdad?

besicos

Anónimo dijo...

Esta vez es tu foto la qué me atrae más qué el texto es muy bonita y me hace recordar un un medallón antigüo qué me regaló una persona muy especial para mí,en él se refleja una palmera por un lado y por el otro un abeto ambos con la luna de fondo y en tonos azulados y negros. De encontrarme en ese lugar seguro dejo la fiesta y me voy a curiosear antes de qué amanezca.M.T.

Sibyla dijo...

Eduardo, me recordó al cuento del flautista, que con su música mágica, hechizó a una colonia de roedores.

Sin querer, podemos vernos sorprendidos, hacia caminos que la razón no entienda...

Saludos:)

Lyra dijo...

Me encanta la foto, ha quedado genial con los cambios de tono y color.

Estas historias siempre tienen algo curioso: si nadie regresó, ¿a quién se le ocurrió por qué se fueron y cómo? Es broma, me gusta el relato. Es que estoy pensativa hoy. Un beso!

Frabisa dijo...

El relato también a mí me recordó la fábula del flautista de Hamelin.

Además de eso, te diré que la foto, bonita de ver, el relato bien, pero como ni siquiera tú puedes ser sublime a tiempo completo, hoy no doy saltitos con lo que veo y leo. Creo que me tienes mal acostumbrada o simplemente hoy tu entrada no me ha llenado de entusiasmo como habitualmente. Un beso

Eduardo Arias Rábanos dijo...

Gracias por vuestras sinceridades, las que me decís que hoy os gusta más y las que me decís que os gusta menos.
Como es lógico, no se puede tener acierto a tiempo completo, pero, con todo, siendo tan variadas las opiniones, jamás se acertará al cien por ciento.
Con todo, qué afortunado me siento por vuestra "fidelidad".

Alu dijo...

Gracias por tus palabras. El relato se está escribiendo, la verdad es que me está costandoe escribir en pocas palabras todo lo que viví allí, ya te aviso cuando publique.

Un beso.

Mármara dijo...

A mí me ha recordado a un relato (un poquitín más lergo que éste tuyo) que escribí hace muuuuchos años: la irremisible atracción por lo desconocido que, a veces, sólo a veces, consigue que nos despeguemos de nuestras miserias.

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