martes, 12 de abril de 2016

HITOS DE MI ESCALERA (1)

De todos es sabido que todo comienzo tiene un inicio, y que todo empezar tiene su nacer, valgan las redundancias. Por tanto, creo que justo es admitir que estos “hitos” deben principiar con mi natalicio. De este magno acontecimiento no tengo recuerdo ni consciencia. No debía yo estar muy contento del hecho, pues según noticias maternas no paraba de llorar, aspecto éste que acaso haya borrado accidentalmente los recuerdos iniciales de mi tierno disco duro, que vendrían de perlas para poder contrastar en su momento con los del óbito postrero. Pero, no. No me acuerdo de nada, ya es casualidad, por lo que he de fiarme de fuentes indirectas, que también podrán mentir, incidir, ocultar y transformar de muchas maneras, como hacemos todos cuando recordamos. 

En aquélla, muchos partos tenían lugar en la casa paterna. Ya estaba empezando a desaparecer tan anticuada costumbre, porque con mi hermano unos años después la cosa ya se desarrolló donde habitualmente sucede en los tiempos modernos, es decir, en un hospital, con todo tipo de adelantos que hagan más difícil la reclamación en caso de muerte del neonato o de la parturienta. Por fortuna, ambos sobrevivimos, no sin que la aventura resultara demasiado prolongada, pues, si he de creer a mi madre, el hecho de ser primeriza y de dilatación lenta y nada preparada por galenofobia, le ocasionó un parto sudoroso, proceloso y doloroso, aunque de final venturoso (pues de tal peripecia, surgí yo). La comadrona que asistió al evento bien habría merecido una gratificación, pero mis padres eran todavía de clase media-baja-baja, y sólo se le pagó lo acordado. Esto sucedió un martes de mayo de 1963. Y fuera hubo una tremenda tormenta que no auguraba nada bueno al nuevo infante.

Por casualidades de la vida, el evento tuvo lugar en las Galicias, que tanta importancia tendrían siempre en mi vida hasta hoy mismo, pero puedo asegurar ante notario que ni tuve que ver en ello, ni fue algo previsto. Mi padre trabajaba de aquí para allá en una empresa que suministraba material a Renfe, y podría haber nacido en cualquier punto de la geografía patria, tal que Almería o Gerona. Pero, no. Fue en Monforte de Lemos, provincia de Lugo, de aquélla importante nudo ferroviario. Casualidades, ya digo, porque sólo anduve por allí unos meses de barriga y cuatro exclaustrado del vientre materno. Luego, los destinos me llevaron a Oviedo, y no volvería a mi pueblo a conocerlo hasta bien pasada la veintena; pero ésa ya es otra etapa que será contada en otra ocasión. Si procede.

Por casualidades de la vida, sí, parece que me repito, pero es que es así. Pero por casualidad, me tocó ser el primero, o sea, el primogénito, y eso... iba a marcar mi existencia. Y de qué modo. Empezando porque durante cinco años y cinco meses fui... el rey. 

(Continuará. Si procede)

1 comentario:

Frabisa-Isabel La cocina de Frabisa dijo...

Muy interesante el hito, importante además para tu familia y determinante para ti. Seguiremos con atención (si procede)
Bss

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