martes, 20 de enero de 2015

¡QUÉ MAL ENVEJECEMOS! (LOS HOMBRES)


¡Qué mal envejecemos los hombres! Dirán que sí, que las mujeres, perdida el aura inicial y diluida la lozanía de su juventud en la madurez que conduce ineluctablemente a su climaterio, pierden mucho más con el paso de los años. Y con mayor rapidez. Las mismas actrices parecen corroborarlo, como si supieran que la dependencia del físico fuera el único capital por el que fueran admiradas y contratadas. Pero, no. Niego rotundamente la mayor.

Como apoyo gráfico, tenemos esta imagen, que fue realizada en la plaza central ante el santuario de Lourdes, en el Pirineo francés. Si observamos la foto, que es individual e instantánea, no tardaríamos en sacarle varios rasgos que convertiríamos en arquetipos o modelos a contemplar en cualquier lado. Fijémonos mejor. Un matrimonio de ancianos, que si no ha cumplido cada uno los 80, les falta bien poco. Se nota que ambos son personas mayores: su piel, sus vestimentas, su aspecto exterior. Se nota bien a las claras. Pero, ¡qué diferencia de posición al caminar! En la mujer, todo es rectitud, postura erguida, gesto adusto, decisión irrevocable, paso seguro; incluso la vestimenta es “juvenil” o “moderna”; hasta su pelo se revuelve como si quisiera evidenciar también su velocidad de desplazamiento. Por contra, el hombre viste “como un viejo”, de un modo no más descuidado, pero sí buscando más la comodidad que la estética; además se escora hacia un lado, se apoya en un paraguas a modo de bastón, su cuerpo renquea desde su encorvamiento, y casi parece que escuchamos su respiración jadeante escapársele por entre los labios y el bigote; nos da la impresión de que está ahí porque ha sido obligado a estar, como si la decisión de pasarse por el principal centro de peregrinación francés hubiera sido tomado exclusivamente por su mujer. Esta, en cambio, parece mucho mejor de salud, de capacidad de aguante, de resistencia ante lo inevitable. El hombre parece un reniegas, en tanto que ella parece la directora de una empresa a punto de cerrar un negocio. En el episodio real, la mujer andaba más deprisa, y debía aguardar cada tanto a su marido, al que increpaba su lentitud o falta de diligencia, o acaso le recriminaba su escepticismo o su malestar en un lugar rancio que tal vez no cuadrara con sus creencias. Sin embargo, y pese a todo, ahí están ambos, portando una bolsa entre sus dos brazos, a modo de mochila, que resultaría impropia en personas de su edad y condición, y donde con toda probabilidad se oculten unos bocadillos, un par de botellas de agua, una fiambrera con embutido, unas servilletas y, seguro, una radio para acompañar su insoportable silencio mientras comen. 

¡Ay!, sí: los hombres envejecemos mal. Tal vez nos consumimos antes. Tal vez llegados a cierto punto no nos parezca rentable mantener la impostura de la vida. Tal vez estemos más incapacitados para vivir sin metas, que habrán ido hundiéndose todas con el transcurso de la vida. O tal vez envejezcamos igual, pero la coquetería femenina alcance a ocultarlo con sabios recursos que induzcan al despiste. De todos modos, eso sí, morir, nos morimos antes. Y como prueba pericial que ratifique el argumento, alcanza de sobra.

Robado en la explanada ante la Basílica de Ntra. Sra. del Rosario en Lourdes (Hautes Pyrénées, Midi-Pyrénées, Francia)
Julio, 2011 ----- Nikon D300

1 comentario:

Frabisa-Isabel La cocina de Frabisa dijo...

Discutible! En primer lugar es norma, moda o costumbre que el hombre sea mayor que la mujer, así que un punto en contra de tu teoría. En segundo lugar, en la época de tus protagonistas era habitual que la mujer no trabajase fuera del hogar y como eso de que el trabajo "es salud" es una mentira como una catedral, el señor a lo mejor ha tenido que madrugar y trabajar incluso puede ser que bastante, someterse a las inclemencias del tiempo y un sin fin de agresiones para su glorioso cuerpo , con lo cual y como resumen, se ha cascado más que ella.
Ella camina muy erguida porque no le duelen los huesos, dale tiempo y verás..
En fin, que no sigo porque me canso que los años pasan factura..

besos

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