domingo, 20 de febrero de 2011

MICRORRELATO

AMOR IMPOSIBLE

El muñeco de nieve se vio un día inflamado de amor cuando pudo ver a través de la ventana aquella estufa de hierro forjado. Se trataba de una Chubesky a gasóleo que habían traído a la casa de los niños que lo habían modelado. Ya sólo contemplarla desde fuera le produjo sudores extraños, aunque el día estaba nublado. Cuando se acercó más al cristal para poder admirarla con detalle, sintió que su base perdía algo de volumen. Pero el deseo pudo más. Aprovechando que la familia estaba durmiendo la siesta, entró en el amplio salón. Verla de cerca le produjo un estremecimiento que confirmó que su intuición no había sido cosa de un instante. Ella, coqueta y halagada, lo observaba a través de los múltiples ojos de su ventana frontal, y poco a poco comenzó a sentir también una atracción arrebatadora. La misma que fue recorriendo al muñeco por todo su cuerpo. Mientras más se acercaba, notaba que su cuerpo menguaba y que la alfombra del salón se empapaba por momentos. Ella le incitó a abrazarse con un beso infinito. Él comentó que si se juntaban, él moriría. Ella replicó que antes de que eso sucediera conocerían el verdadero valor de su pasión. Él aceptó, febril. Ella lo acogió en su seno con una llamarada de amor indestructible. Él se derritió por completo. Ella fue anegada por toda su agua. Él desapareció entre vapores. Ella nunca pudo ser reparada.
Del libro Micrólogos

3 comentarios:

Isabel - Frabisa dijo...

Me gusta mucho tu relato de hoy.

Me gusta especialmente la evolución desde el inicio, el cómo se va desarrollando de un modo tan fluida la historia. Aunque el final es previsible desde el comienzo, algo atrapa que obliga a seguir leyendo.

Un relato muy, muy bueno.

Enhorabuena.

un beso

Cher dijo...

Las criaturas ("...que habían traído a la casa de los niños que lo habían modelado...") hicieron ese amor probable. Siempre que el amor tenga movimiento y evolución no convierte a los actuantes en objetos irreparables.

María dijo...

Qué maravillosa metáfora.
"sintió que su base perdía volumen. Pero el deseo pudo más". "Él se derritió por completo. Ella fue anegada por toda su agua".
Inevitable recordar "La llama" de P.Salinas, aunque en este caso sólo la mariposa se la jugaba, mientras en tu relato ninguno tenía escapatoria.
Buenísimo.
Me ha encantado.

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