domingo, 21 de agosto de 2011

MICRORRELATO

SOBRIO APOCALIPSIS

Yo lo había sospechado desde siempre, y lo digo sin deseo de presunción: pero el último día nada fue como habíamos leído, como nos habían enseñado. El día del Juicio Final, no cayeron sobre el mundo toda suerte de desastres o cataclismos, ni los humanos que sobre sus caballos recorrieran las cuatro direcciones propagando todos los se enzarzaron en una guerra última. Tampoco hubo cordero alguno que rompiera los siete sellos, ni trompetas que hendieran el aire con horrísono estruendo, ni jinetes  males, ni ángeles que formaran legiones con que acorralar y conducir a los encausados, ni balanzas, ni arcángeles, ni juicio, ni nada. Aquel día, sólo una voz se escuchó en lo alto; audible, eso sí, para todos, pero sin que su fuerza resultara algo fuera de lo común. Era de madrugada, y se oyeron sólo dos palabras, que a cada cual sonaron en su idioma propio: ≪Hala; arriba≫. Tan sólo eso. Después, como impelidos por una orden imposible de desobedecer, todos los muertos recobraron su corporeidad y todo se llenó de pútridos vapores. Cada cual parecía saber dónde dirigirse, y en poco tiempo —poco más de un mes— cada humano recaló en la estancia que correspondía a sus méritos, acordados con anterioridad, por lo que se ve. Después, la nada lo invadió todo, y el firmamento desapareció como en el pasado brotó de la nada; todo fue espíritu en continuidad. Pero yo siempre lo había sospechado, ya lo dije: Juan, el discípulo predilecto, el amado del Maestro, se deleitó toda su vida con alucinógenos, y jamás pudo dejarlos. Y en Patmos, ya viejo, mucho menos, como al final se ha podido comprobar.
Del libro Micrólogos

3 comentarios:

Cher dijo...

≪Hala; arriba≫ Son las siete de la mañana y lo primero es seguir inmerso en la rutina con un chute de café. Aunque despertar, lo que es despertar a la Vida spicodélica que nos puebla, ¿es posible sin spicotrópicos y sucedáneos por el estilo que alteren el crisol?
Sinceramente, yo creo que sí, pero hay tanto muerto viviente por ahí...

Nesalem dijo...

Solo hay un pequeño error. El apocalipsis no corresponde al llamado Juan del evangelio; sino a un tal Juan el Presbítero; posiblemente judío-cristiano a juzgar por el Cristo tan guerrero que elimina enemigos sin parar. El otro Cristo decía "amad a vuestros enemigos y si os dan una torta poned la otra mejilla".

Nesalem dijo...

Pues solo un error. El Juan del apocalipsis nada tiene que ver con el Juan del evangelio. El Cristo del apocalipsis mata enemigos con la espada; es un Cristo guerrero que venga a los mártires de Roma. El Cristo del evangelio dice que hay que amar al enemigo y poner la otra mejilla cuando te zurran. Dicen que el Juan apocalíptico podría ser Juan el presbítero. Vivía en Éfeso y era judío-cristiano que cayó en desgracia con las autoridades y luego destruyó el mundo con su imaginación. Por lo demás muy buen relato.

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