miércoles, 7 de septiembre de 2016

COITO QUELONIO


La escena estaba de lo más pacífica. Era un rincón más bien apartado del magnífico zoo de Palmyre. Varias tortugas de diferentes especies se entretenían con su desayuno, que incluía sobre todo lechugas y zanahorias. Se hallaban desperdigadas en un espacio bastante amplio para lo que se les suele asignar a estos animales. Si bien es cierto que esta variedad, la más grande representada allí (la tortuga gigante de Aldabra), bien puede hacer uso de semejante extensión, y más, seguramente. 

Pero el caso es que estaban todas bien desperdigadas, saciando su apetito. Los visitantes les tirábamos fotos, sorprendidos por su tamaño (sólo un poco inferior a la especie de las Galápagos), pero el motivo tampoco era excesivamente fotogénico. De todos es sabido que las tortugas pueden caernos simpáticas, pero bellas, lo que se dice bellas, no son.

En esto, y sin mediar ninguna acción que la justificara, porque allí ninguna movía nada salvo las mandíbulas, y aun éstas, con parsimonia, una de ellas, la más grande se levantó e inició su marcha en dirección a otra que se hallaba a unos diez metros de distancia. Pese a que la marcha de una tortuga es lenta, lo cierto es que nos sorprendió a todos la “velocidad” imprimida a su trecho. Poco a poco comprendimos que allí iba a haber o bronca o sexo. Enseguida comprendimos que el menor tamaño de la que aún se hallaba comiendo decantaba la disyuntiva hacia la segunda opción.

Y efectivamente, llegado el macho por detrás hasta la hembra, que no se había percatado de la aproximación referida, tan absorta se hallaba con su manojo de lechugas, con grande esfuerzo y notable impulso, y sin carantoña previa alguna, comenzó a montarla por detrás, dejándonos a todos atónitos, con caras pícaras y dando un uso tal a las cámaras, que pronto empezaron a echar humo.

La cosa duró no poco, unos diez minutos. Y lo sorprendente es que el mayor tamaño del macho no le facilitaba mucho la maniobra, y hubo de ser la extensión inferior la que se alargara lo suficiente como para que se pudiera operar la coyunda. Los que allí contemplábamos la escena lo estábamos pasando divinamente, y las risas que se producían no venían dadas por la situación en sí, sino porque el macho, en cada embestida, exhalaba unos borborigmos que más bien parecieran estertores, pues tanto empeño puso en la faena, que acabó echando encima de su compañera lo que sólo instantes antes había ingerido con buena gana. Aunque ésta ni en ésas se movió lo más mínimo ni hizo ademán de participar en la refriega de ninguna forma, quedándose allí debajo como una muerta.

Después, concluido el desfogue (o la obligación), el esforzado macho desmontó con igual rapidez y, dando media vuelta, fuese, y no hubo nada.

Zoo de la Palmyre (Charente Maritime, Poitou-Charentes, Francia)
Julio, 2015 ----- Panasonic Lumix G6

sábado, 3 de septiembre de 2016

TRES HERIDAS CONTRA LA PETULANCIA HUMANA (RELIGIOSA)

El ser humano comenzó creyéndose el rey del universo. Sus religiones animistas no lo proclamaban así, cierto, pero en cuanto las monoteístas cambiaron el modo de mirar, el ego humano creció enteros a velocidad hipersónica. De ese modo, el ser humano había nacido -creado- en la Tierra, que era el centro del Universo, y todo giraba en torno a ella. También era un ser bien petulante, modelado por los dioses a su imagen y semejanza, divinos en esencia, aunque con alguna tara para diferenciarse de los hacedores, claro está. También, era dueño de sus destinos y controlaba su existencia gracias a su prodigioso cerebro. La vida del ser humano no era idílica, pero era la superior posible, ligada a los dioses supremos, y dominadora de la Tierra y sus posesiones, tanto animales, como vegetales o minerales. 

Pero resultó que no. Que esa concepción geocéntrica, antropocéntrica, divinoide y autónoma fue recibiendo heridas de muerte que fueron reduciendo constantemente los humos de la criatura que, eso sí, más ha hecho por destrozar el planeta que habita.

La primera herida apareció bien pronto, ya con Eratóstenes de Cirene (s. III a.C.), pero tardó en extenderse la idea, hasta el descubrimiento de América por Colón (s. XV), la circunnavegación del globo por Elcano y las ideas Copérnico (s. XVI), más las confirmaciones aplastantes de Ticho Brahe, Kepler y Galileo (s. XVII). La Tierra no era un mundo plano en el centro del Universo visible, sino que era un planeta esférico más que orbitaba en torno a su estrella nutricia, el sol.

La segunda herida llegó ya en el XIX, cuando un biólogo prudente pero tenaz y concienzudo (Charles Darwin), comprobó que las especies no habían tenido siempre la misma apariencia, sino que habían evolucionado de las más inferiores y simples hasta las mayores y más complejas. De ese modo, se abría la puerta a la investigación que traería como resultado la comprobación de que no había habido sólo un ser humano, sino que había habido varios, que habían evolucionado unos de otros, o bien desde distintas ramas, pero que, en definitiva, no éramos la misma especie que hace muchos miles de años. La ciencia arqueológica terminaría de profundizar en esta herida cuando se comprobó que muchas de las líneas evolutivas eran inferiores en tamaño, capacidades y logros; que otras se cerraban sin continuidad, y aparecían otras sin relación, lo cual añadía mucho misterio al asunto. Por último, se demostraría que el ser humano habría sido uno de los últimos animales en aparecer y en cambiarse adaptativamente al entorno, por lo que su evolución dista mucho de ser tan perfecta y "adaptada" como la de otros seres vivos más antiguos y simples.

El tercer terremoto asestado a la prepotencia humana vendría del lado de lo único que le quedaba incólume hasta la fecha: su capacidad de pensar, su raciocinio y su autocontrol. Pues bien, un psiquiatra austríaco morfinómano y obsesionado con el sexo, demostró que nuestra mente tiene zonas que escapan a nuestro control, lo que él llamó “ello”, asociado a reacciones instintivas autónomas e irracionales, que desarmaron por fin todo el tinglado que argumentaba que el ser humano era la joya de la corona del reino animal sobre la Tierra.

Últimas investigaciones han demostrado que ni siquiera el Sistema Solar es centro de nada, sino que es una parte alejada de una galaxia más, entre unos cuantos miles de millones de ellas, a mayores; ítem más, se van descubriendo exoplanetas, que acreditan la hipótesis de que existan más mundos con la posibilidad de vida, además de la que albergamos en el nuestro. Y lo más reciente, que viene a arrumbar lo poco que queda del antiguo arsenal de petulancias, es que la neurobiología está a punto de demostrar que la voluntad, que el libre albedrío no sería tal, sino que vendríamos muy condicionados por unas pulsiones neuronales autónomas que nada tendrían que ver con la individualidad o la decisión personal. 

Así que ¿qué nos queda de toda la tontería que hemos ido propalando desde el inicio de los tiempos? Conviene comprender bien esta desacralización progresiva para que cuando alguien nos venga con afirmaciones apodícticas, inamovibles o “porque sí”, le mandemos directamente al exilio de nuestros pensamientos. Pues huir, lo que se dice huir, ya no podemos hacerlo a ningún lugar.

jueves, 1 de septiembre de 2016

CREPÚSCULO, ANTESALA DE LA NOCHE, DE LA VIDA





Cuando muere el día, resucitan las sombras y quienes con ellas apuran mejor la vida. Cuando el crepúsculo lo tiñe todo de tonos cambiantes, la sonrisa se dibuja en aquellos que soportan mal la vida cotidiana, la que todos esperan, la iluminada con esperable claridad. Al atardecer, ciertos seres se despiertan, se desperezan, crean planes. No son en su mayoría, como el común piensa, planes violentos u oscuros. Son sólo posibilidades alternativas. Modos diferentes de captar la luz, de entender los gestos, de apurar los instantes. Diferencias en la manera de desear, de pensar, de crear. Todo cobra otra dimensión que algunos alcanzan a captar con una libertad algo insultante para quienes no comulgan con la oscuridad. La noche, a la que el crepúsculo precede, es un universo tan distinto, tan complementario, que se diría que es otra vida del revés. Lo cierto es que es la vida, simplemente. La vida al completo, en su absoluta y fascinante plenitud.

Crepúsculo en Mojácar (Almería, Andalucía, España)
Marzo, 2016 ----- Panasonic Lumix G6

miércoles, 31 de agosto de 2016

500 AÑOS ATRÁS (MICRORRELATO)

La sentencia ha sido firme: culpable. Yo ya lo sabía, lo supe siempre. Me arriesgué, asumiendo las consecuencias. Pero hay cosas que no se pueden elegir: van con uno mismo, o eso quiero pensar. Culpable sin atenuantes de posesión de libros de papel, de una impresionante biblioteca de más de doscientos ejemplares. Todos ellos, ejemplares raros, prohibidos, ocultos durante años en una unidad escamoteable de mi cubículo. Sin embargo, las leyes emitidas por la Gran Autoridad son taxativas a este respecto: sólo está permitida la lectura de los textos digitales autorizados. Dichas leyes son duales también, porque, prohibida la pena de muerte desde 2079, la pena oscila entre la inducción temporal o definitiva de un estado vegetativo, y el destierro en el tiempo (variables ambas, dependiendo de la gravedad del delito); la disyuntiva es menos grata de lo que parece en un primer momento. Pensé con rapidez. Una vez que elegí la segunda opción, la condena fue emitida de seguido: 500 años de retroceso, sin posibilidad de apelación. Un miembro del Consejo Regulador de Delitos, con cierta conexión con el lumpen intelectual del planeta, mostró cierta clemencia, y me ofreció un último deseo razonable que pudiera atenuar la gravedad de la condena, por mi ausencia de antecedentes reseñables. Apenas lo dudé. Solicité la inserción cerebral de un nanoimplante panlingüístico. Preguntadas las razones de esa necesidad, argumenté un deseo inveterado de viajar y para poder desenvolverme por mi cuenta. Pese a la irregularidad de la petición, fue aceptada. Ahora, un mes después, me dispongo a entrar ya en la cápsula transportadora. Tengo miedo, no lo oculto. Pero me animo a continuación con las perspectivas que hallaré en esa época remota. Al fin y al cabo, para el verano de 1616 los tres genios más grandes de la Literatura universal habían muerto ya, toda su obra estaba ya escrita, y mi principal tarea será rastrear en las librerías de Madrid, Burdeos o Londres. Un tesoro inagotable de obras de Cervantes, Shakespeare o Montaigne me aguardan de nuevo. Y podré leerlas en ediciones príncipe, y en su idioma original.

Del libro inédito Micrólogos, 2012

martes, 30 de agosto de 2016

RECURRENTE TENTACIÓN




Por los corredores del claustro, los monjes transitan pausadamente, mientras leen. Alguno piensa, aunque sabe que a determinadas horas no está permitido. Pero piensa. Las galerías del claustro son recorridas un número infinito de veces, como se rezan las jaculatorias o los mantras, para que con la repetición, las mentes vuelen, se abstraigan, se purifiquen. Pero ese monje piensa y recuerda. Y cuando lo hace, la lectura se le escapa de las manos, y pareciera que sus pasos se vuelven más lentos y torpes. De súbito, la campana toca a completas, y el recuerdo se desvanece de golpe. El descanso se acerca, tras la dura jornada. Pero el monje nostálgico sabe que la tarde y la noche se sucederán sin transición, porque aquellos ojos se han vuelto a asomar a su memoria, y que aquel cuerpo, presentido y ansiado, jamás tocado, se hará presente en sus sueños de nuevo. Sabe que el pecado le aguarda. Sabe que no debe y que no puede siquiera imaginar. Pero mientras, cabizbajo y derrotado, cierra el libro y se dirige a su celda, intuye que esa noche, como tantas, volverá a dejarse ir. Entonces se le marca en el rostro una sonrisa leve, llena de significado. Y la celda se ilumina de nuevo.

Claustro de la Catedral de Nôtre-Dame de Saint Bertrand de Comminges (Haute Garonne, Midi-Pyrénées, Francia)
Julio, 2009 ----- Nikon d300

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