Como los escasos -pero valiosísimos- amigos que siguen este
blog conocen bien, soy asiduo lector de literatura autobiográfica, de la que
destacan diarios, epistolarios y memorias. De estas últimas quisiera hablar hoy
siquiera breve y parcialmente. Con brevedad, pues el espacio es el que es, y
uno nunca quiere abusar de la paciencia de lectores tan ocupados y amantes de
su tiempo. Y tocando sólo una faceta de las mismas, que es el tema que hoy nos
ocupa: sus títulos. Es uno de los aspectos más singulares de estas obras tan
especiales, y que me llama más la atención. De hecho, la capta hasta el punto
de ser determinante en ocasiones, a la hora de elegir alguna como compañera de viaje
temporal. “Automoribundia” (Ramón Gómez de la Serna), “Camina o revienta” (El
Lute), “Vivir para contarla” (Gabriel Gª Márquez), “Un armario lleno de sombra”
(Antonio Gamoneda), “Confieso que he vivido” (Pablo Neruda), “Jardín y laberinto” (Clara Janés), “El tiempo
amarillo” (Fernando Fernán-Gómez), “Todos náufragos” (Ramón Lobo), “Doble esplendor” (Constancia de la Mora), “Mira por dónde” (Fernando Savater), “Desde el amanecer” (Rosa Chacel), por mencionar sólo autores en nuestra lengua, podrían ser impactantes ejemplos.
Es por ello, y teniendo en cuenta que es muy aburrido
titular, como hace la mayoría, sólo con la palabra “Autobiografía”, o “Memorias”;
entendiendo, además, que cualquier título podría ser válido para identificar tales
libros, me he permitido crear una lista de diez posibles títulos, por si pudiera
servir de ayuda a algún creador bloqueado ante tamaña empresa, bien porque sin
el título no la comienza, bien porque, una vez elaborada le falta la guinda que
corone el pastel. Ahí van.
- Vuelo rasante
- La poda y el injerto
- En construcción
- Mudando la piel
- La espiral en zig-zag
- Andadura de papel
- La forja del cristal
- Ensayo perpetuo
- La curva de Gauss
- Haciendo hueco
Ahí ofrezco diez, pero podría poner cien: una vez puesto… Pido
no obstante disculpas por si alguno de mis magníficas propuestas ya ha sido
utilizada con anterioridad por alguien con grandes luces para esa tarea
engorrosa de titular libros tan importantes como son las memorias. Uno ha leído
unas cuantas, pero ni mucho menos los miles de obras que en el mundo habrá, y
de la que siguen saliendo cada año una buena cantidad al mercado. Al fin y al
cabo, todo el mundo sabe que la originalidad es una cualidad sobrevalorada,
entre otras cosas porque la verdadera abunda poco, y suele ser atributo
exclusivo de personas geniales. Uno, todo lo más, recicla, reescribe, retoma…
1 comentario:
me gustala de ensayo perpetuo.
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